"Decrecimiento" no es más que una palabra, una de esas palabras-bomba que calan en la mente colectiva con fuerza, como "antiglobalización" o "mileurista". En este caso, es una palabra que representa en realidad una multitud de ideas y movimientos a muchos niveles. De hecho, muchos de estos movimientos llevan existiendo desde mucho antes de que se popularizara esta palabra, que simplemente los arropa y les da un nuevo marco en el que incluirlos.
Igual que "antiglobalización", esta palabra cristaliza toda esta variedad en un punto: la oposición al dogma del Crecimiento, del que vengo hablando aquí hace tiempo, y que como dice el
Crash Course, es un requisito básico del sistema económico actual, pero que se ha demostrado que es físicamente insostenible.
Por ello, al ser una cuestión tan objetiva y matemática, es una idea que se puede asumir desde muy diferentes corrientes y puntos de vista situados a todos los lados del espectro ideológico.
No voy a describir aquí en qué consiste, dado que en la
sección de la Wikipedia, que ya cité, se describe con mucha claridad y profundidad, y con una buena colección de enlaces y referencias.
Me gustaría más bien centrarme en algunos aspectos particulares. Por ejemplo: decía Elbereth en sus comentarios que una de las críticas a este movimiento es que se limita a señalar los errores del sistema actual pero no presenta alternativas.
No estoy de acuerdo. Hay muchas propuestas a muchos niveles, teóricos y prácticos. Por poner un ejemplo, véase
la visión de André Gorz. ¿Una utopía? ¿Nadie querrá vivir así? Pues bien, en el mundo existen, ya mismo, y en nuestras mismas ciudades, comunidades que funcionan bajo este tipo de principios desde hace tiempo. No hay más que pasarse por el
Patio Maravillas en pleno corazón de Madrid. O visitar cualquiera de estos grupos, por poner unos pocos que se me ocurren ahora:
BiciCrítica,
Bajo el Asfalto está la Huerta,
Slow Food,
Global Ecovillage Network (Red Global de Ecoaldeas),
Red Mundial para la Objeción al Crecimiento, etc.
También hay teóricos como
Joseph Stiglitz, Serge Latouche,
Nicholas Georgescu-Roegen o
Iván Illich, por decir algunos, que se cuestionan, desde dentro de las instituciones económicas y científicas, el modelo económico basado en el crecimiento perpetuo.
Lo que no hay es un movimiento unificado y con una propuesta concreta, una corriente fuerte liderada por algún personaje carismático y con un nombre acabado en "ismo". Eso no.
Pero es que tampoco veo yo que la gente tenga mucha prisa por conseguir algo así. Este tipo de grandes corrientes ideológicas son típicas del siglo XIX y principios del XX. Pero después del auge y posterior declive del Posmodernismo (probablemente el último "ismo"), mucha gente en la vanguardia social desconfía de las ideologías fuertes y de los liderazgos personales. Yo he visto este debate a menudo, por ejemplo, en la red
Indymedia (canalizadora de las acciones antiglobalización) y en las crónicas de las reuniones del
Foro Social Mundial. Existe en estos ámbitos la intuición de que el mundo es demasiado complejo para ser comprendido por una única teoría, y el resquemor de tantos líderes revolucionarios que han derivado en fanáticos anclados en el poder y constriñendo la libertad de pensamiento.
Lo que se busca, en cambio, son las estructuras en red. Esta es la estructura característica del siglo XXI: cientos o miles de nodos humanos o ideológicos, autónomos pero interconectados, cada uno centrado en un aspecto particular de la realidad, pero que interactúan formando sinergias que van más allá de la simple suma de las partes. Que se juntan puntualmente en plataformas y foros, para conseguir objetivos concretos, para a continuación disolver estas estructuras y volver a las células sueltas.
El objetivo al que aspiran muchas de estas gentes no es a formar un nuevo partido político que crezca lentamente y acabe disputando el poder con los ya existentes (hay quien incluso rechaza hostilmente esta idea). De lo que se trata más bien es de que una serie de ideas revolucionarias vayan calando en las personas, a nivel individual o de pequeños grupos, y que cada cual las vaya aplicando en su propia vida y las de los que le rodean, transformándose cada uno a sí mismo (que es el único lugar donde todos tenemos verdadero poder), y difundiéndose poco a poco, por capilaridad, hasta llegar a una masa crítica que produzca la verdadera transformación social.
Masa crítica es un concepto
de la física atómica pero adoptado por la sociología para referirse a un proceso por el cual no es necesario que una idea o "meme" sea adoptado por la mayoría de la población para que pase a ser de uso común. Cuando la cantidad de gente que apoya el meme está por debajo del número crítico, los que lo escuchan piensan que es algo "raro" y tienden a ignorarlo o despreciarlo. Pero si la cosa crece, llega un momento en que de pronto parece que hay "mucha" gente que lo apoya, y el meme se vuelve "normal", con lo cual la inercia ahora se da la vuelta y empieza a empujar para arriba. Entonces ocurre como una explosión, y en un tiempo muy breve la idea alcanza a toda la población, sale por la tele y las marujas lo comentan en la peluquería, como quien dice.
Se me ocurre poner un ejemplo que he vivido personalmente: el fenómeno del frikismo. Hasta hace muy poco, casi nadie leía ciencia ficción ni sabía quién era Tolkien, y si el vecino se enteraba de que jugabas a rol llamaba a la policía. Sin embargo hoy los congresos de cómic y rol salen por la tele, se habla de ellos en los periódicos como un fenómeno cultural y hasta hay marchas de Orgullo Friki por las calles.
Pues bien, yo creo que si esto ocurriera con las ideas del Decrecimiento y otras similares, no haría falta crear nuevos partidos politicos, puesto que la población en general exigiría a cualquiera que estuviera al mando que se posicione al respecto, con lo que incluso el PSOE y el PP tendrían que ofrecer propuestas alternativas si quisieran que les voten. O mejor aún, la gente se atrevería finalmente a dejar de votar a estos dos y a apoyar a otros grupos que salieran, que ahora lo tendrían más fácil para conseguir bases y votos.
Si una mayoría de la población de los países ricos empezara a adoptar cambios en su propia vida dirigidos a huir del consumismo masivo y de la hipnosis de la publicidad y la televisión, sería mucho más fácil plantear proyectos alternativos.
De hecho, en Francia, que es donde más está pegando esta idea, parece que la idea de retirarse al campo a vivir de otra manera ya no es una utopía de cuatro locos, sino que empieza a haber tantos que ya se están organizando y comenzando a tener influencia. Tanta que
el gobierno de Sarkozy se está "asustando" y quiere empezar a atacarles, como descubrí hace poco en este artículo de Público. Recordemos la secuencia clásica de las ideas revolucionarias:
- Primero te ignoran.
- Luego te ridiculizan.
- Luego te atacan.
- Finalmente, has ganado.
Si hacemos caso a esta secuencia, parece que el movimiento está a punto de conseguir un triunfo importante en Francia...
Dicho todo esto, quisiera comentar también que además del pensamiento anti-ideologías y pro-red, también hay gente que sí está a favor de los movimientos fuertes y las estructuras sólidas con aspiraciones de poder (con todas las salvedades de esta palabra). El ejemplo más claro es el grupo liderado (por así decirlo) por
Ignacio Ramonet, que cristaliza en el diario
Le Monde Diplomatique, la asociación
ATTAC y el antes mencionado Foro Social Mundial.
También hay algo que está surgiendo desde hace poco y que yo sigo con interés, aunque desconozco aún en gran parte, llamado
Alianza Bolivariana o ALBA, promovida por los gobiernos de Venezuela, Cuba y Bolivia, a la que se han sumado otros, y que propone una organización política internacional de los países de Sudamérica, siguiendo unos principios muy distintos a los de la Globalización Neoliberal y más acorde con lo que aquí hablamos del Decrecimiento. Muy significativa, desde el momento en que es una propuesta autóctona de la gente del Sur, en vez de algo parido en el Norte y luego exportado a los "pobres" del tercer mundo, como viene siendo habitual. Desde luego, viendo la furia con que los medios de comunicación
atacan a Hugo Chávez y Evo Morales, usando su máximo nivel de
descaro,
mentira y
manipulación, debe ser, como decía más arriba, que esto escuece mucho a los poderosos del Norte, lo cual ya es motivo suficiente para que me interese ^_^.
Para mí ambos enfoques son necesarios y complementarios. Las redes descentralizadas aportan riqueza, flexibilidad y protección contra el fanatismo y las rigideces autoritarias. Y los movimientos unitarios aportan fuerza, concentración de energías, y mayor posibilidad de alcanzar las masas críticas que decía más arriba.