jueves, octubre 26, 2017

¿Qué hay dentro de estas cabezas tan duras?

Hoy toca super tocho, lo siento. Podéis pasar fácilmente al siguiente post. Pero necesito sacar esto que llevo dentro, el sainete prefabricado que nos están haciendo tragar me aburre y asusta muchísimo. Necesito indagar profundamente en los problemas de base que no estamos teniendo en cuenta y por eso va todo tan mal.

Llevo un montón de días intentando ponerme en la cabeza de la gente que cree que la solución al "tema" no sólo puede, sino que debe ser exclusivamente judicial y policial. La verdad es que me cuesta, mi primera reacción es bastante violenta ("¿cómo puede alguien creer algo tan estúpido y peligroso?"). Pero luego veo que hay una cantidad enorme de gente que piensa así, incluyendo personas concretas que conozco, a las que considero en general sensatas y razonables, no más estúpidas de lo que pueda ser yo mismo. Debe haber algo ahí que tenga sentido para ellos.

Estas personas consideran prioritaria la restauración de la legalidad. Lo primero de todo es retirar inmediatamente toda infracción, castigar a los responsables y luego ya se verá si se empieza a hablar o qué. No creen que los convocantes tengan ninguna legitimidad para saltarse la ley, y quienes les apoyan o bien son malvados que se quieren aprovechar o se han dejado lavar el cerebro. ¿Por qué es tan terrible el desafío legal para ellos, y en cambio para mí hay cosas bastante más graves?

El pensamiento jerárquico

Se me ocurre que tiene mucho que ver con lo que Eric Fromm llama el pensamiento jerárquico (ver "La condición humana" o "El miedo a la libertad"). Es un rasgo de personalidad bastante básico, que determina en gran parte nuestra interpretación del mundo, y algunas personas lo tienen de una forma y otras al contrario.

La persona jerárquica tiene una desconfianza básica en el ser humano. Considera que, aunque somos dignos, en el fondo no somos capaces de gestionarnos a nosotros mismos sin ayuda. A una persona jerárquica le tranquiliza saber que hay algo por encima de nosotros, que conserva la responsabilidad última de las cosas. Puede ser un grupo de personas "superiores", una institución oficial, un dios, o todo junto. Para estas personas el sistema de gobierno ideal es la aristocracia, en su sentido original: el "gobierno de los mejores". El problema que tiene es cómo saber quiénes son esos. Los mecanismos tradicionales (hereditarios) ya se ha visto que funcionan fatal, y por eso el mundo moderno usa ahora lo que llamamos "democracia", que técnicamente se debería llamar "aristocracia electiva" o algo similar: todo el pueblo elige a "los mejores" y luego ellos gobiernan y tienen el poder. Se considera un compromiso, ya que no hay nada mejor, pero en el fondo siguen con el temor de que la gente no sepa elegir correctamente ni siquiera eso. De ahí el ranciofact aquel de que "la democracia es el menos malo de los sistemas" y el sorprendente apoyo que a estas alturas sigue teniendo la monarquía, como una especie de enganche directo con la tradición o con Dios, como garante último si en algún momento las cosas se van de madre por nuestra limitada capacidad.

Las personas no jerárquicas, en cambio, desconfiamos en principio de toda entidad superior. Tendemos a creer que son mitos construidos para calmar nuestros miedos, a modo de mentiras piadosas, cuando no mentiras nada piadosas creadas por personas para ganar poder. Nos parece que cuando se pone a alguien o algo por encima de nosotros, no hay forma efectiva de garantizar que esa entidad acabe obrando por sus propios intereses, no por los nuestros, y nos acabe usando como peones. Pero aunque la hubiera, la sola idea de otorgar nuestro poder a un ente externo nos agobia, saber que estamos atrapados en una jaula dorada, que sólo nos deja un margen de acción limitado es lo peor que podemos imaginar. Creemos que toda persona está destinada a madurar, a asumir el control de su vida y la responsabilidad que ello implica. Quien no quiere es como el niño que no quiere crecer, prefiere seguir viviendo en su corralito infantil y dejar que los adultos se ocupen de las cosas difíciles. Para desarrollarnos plenamente como humanos debemos afrontar esto. Si no somos capaces de hacerlo bien, es nuestra obligación aprender y mejorar. Y lo mismo a nivel colectivo. El sistema de gobierno perfecto es la democracia "real", democracia directa o como se quiera llamar. El pueblo gobierna realmente y tiene el poder efectivo. Nadie tiene derecho a imponerse sobre los demás, ni siquiera por ser "mayoría", y si hay diferencias hay que negociar y buscar consensos o dividirse en grupos. Si hay representantes o delegados, es por pura cuestión operativa, de eficiencia, pero en ningún momento se les otorga el poder, sólo pueden llevar a cabo lo que reciban por mandato de la comunidad, y pueden ser revocados en cualquier momento. Las consecuencias son asumidas por todos y si hay que mejorar, es tarea también obligada. Es difícil, pero creemos que el ser humano es capaz de gobernarse así, y es la única manera que nos hace realmente libres y humanos. A los jerárquicos, en cambio, les da auténtico horror pensar en un sistema como este...

Hay un tercer tipo al que Fromm llama los "rebeldes". En realidad son los mismos que los jerárquicos, sólo que piensan que la autoridad superior que hay ahora no vale y hay que poner otra. Éstos se alinean a menudo con los no jerárquicos, para conseguir una revuelta, pero una vez conseguida pasan a ser rápidamente pro-sistema y conservadores. No hace falta señalar que en el mundo moderno la gran mayoría de la gente es jerárquica, no sé si será por influencia del sistema feudal y la cultura cristiana, o puede que estos sean vectores de transmisión de algo anterior.

El mogollón catalán

En el conflicto catalán actual los tres grupos se corresponden, más o menos, con los constitucionalistas, los de las CUPs (o la gente 15m que simpatiza con su movimiento de base) y los de Puigdemont.

Los que apoyan al PDeCat consideran a la jerarquía catalana como su propio "ente superior", bien por convicción real, o porque están tan hartos de la española que prefieren cambiar aunque sea a algo también corrupto, al menos sería gente diferente. Los constitucionalistas en cambio creen que este ente es un fraude y por tanto sus seguidores unos traidores. Si mi Dios es Verdadero, y sólo puede ser verdad uno, entonces el dios de los de enfrente es una gran Mentira, y sus creyentes malvados o engañados. Lo mismo ocurre a los niveles de Estado, jefe o club de fútbol. No puede haber tolerancia ninguna, pues son verdades excluyentes.

Y ¿qué pasa con las CUPS? Son aún peor. Esta gente cuestiona lo más esencial. Para los constitucionalistas, no hay nada más grave, porque si se cuestiona la propia estructura de la sociedad y se abre a debate con el estúpido pueblo y sus mediocres representantes actuales, se hundirá todo. ¿Cómo atreverse a prescindir del ente superior y pretender que nosotros solos, pobrecitos niños locos, asumamos la responsabilidad básica? El Terror (literalmente -> véase 1789).

Yo lo que tengo claro es que el pensamiento jerárquico o no, no es una reflexión racional, sino sobre todo un rasgo muy profundo de la personalidad, que no se cambia así como así. Y que el no jerárquico es muy minoritario, y aún está muy lejos de una posible masa crítica que lo pudiera volver algo extensivo (por más que en el 15m tuvo un boom, sigue faltando mucho). Yo quisiera una solución basada en el pensamiento libertario y la democracia real, pero no lo considero posible a corto plazo.

Seguiré luchando por ello, a base sobre todo de predicar con el ejemplo, de crear comunidades basadas en este principio que funcionen y sirvan de inspiración. Pero si queremos algún resultado a corto plazo, como por ejemplo resolver la cuestión catalana, sólo puede ser con algo que encaje con el pensamiento jerárquico.

Los independentistas, si están dispuestos a aceptar como ente superior a algo tan inmundo como el Govern, es porque consideran que el Estado español está tan definitivamente podrido que han perdido la fe, ya no consideran que pueda ser ese garante último de protección que comentaba al principio (o directamente nunca la tuvieron, los menos). Por eso es tan estúpida la opción exclusivamente judicial. Incluso aunque se pueda imponer por la fuerza volver al redil constitucional (con mucho sufrimiento), estos ciudadanos se seguirán sintiendo huérfanos y esperarán la siguiente ocasión para volver a saltar.

Y aún más estúpida es la declaración unilateral. La ruptura de España va directamente en contra del mito, deja a los españolistas sintiendo que quedan a merced del caos, al desaparecer aquello en lo que confían por encima de la voluntad del tonto pueblo o sus aún más tontos gobiernos. Es comprensible el terror que hace pensar que ante todo lo primero que hay que restaurar es la legalidad constitucional, a toda costa, y luego ya se verá. Si se declara realmente la independencia, Rajoy es perfectamente capaz de sacar los tanques a la calle, y millones de personas le apoyarán.

¿Hay salida?

La auténtica clave psicológica de todo esto es que el ente superior es el "hogar" espiritual de la persona jerárquica, que como repito, son la gran mayoría. Atacar ahí es atacar la identidad de alguien, la sola perspectiva de perder eso produce pánico, tanto que la gente se puede volver inflexible, agresiva o hasta fanática, como estamos viendo. Es preferible apoyar a corruptos, ladrones y auténticos criminales, si no hay nada mejor, que enfrentarse al terror del caos.

La única vía que no conduce a una guerra o una rendición resentida es encontrar un nuevo mito, uno que sea válido a todas las sensibilidades y que sea tan creíble que genere confianza como aval último protector, como decía al principio. El estado federal o confederal podría servir como tal. Aquí indicar por qué se equivocan también los que creen que el estado de las autonomías actual es suficiente: no se trata de tener más o menos competencias o presupuestos. Se trata de que las autonomías son un invento particular del régimen del 78, ese que justamente es rechazado ahora. Hace falta un mito nuevo, aunque en la práctica funcione igual, pero que simbólicamente se pueda enganchar a una historia poderosa. Y hay muchas federaciones y confederaciones que han tenido éxito y fortaleza.

El problema es que, además, también hace falta una institución que vertebre ese estado federal. Y ahí es donde la cagamos. El único ente que está hoy día en posición de reivindicar de forma creíble ese estado sería la coalición Unidos Podemos. Pero éstos se han empeñado con tanto ahinco en espantar a sus bases y parecerse lo más posible a los partidos de siempre, que no valen para que una gran mayoría de españoles deposite en ellos su necesidad de protección.

Sólo se me ocurre la posibilidad de algún tipo de plataforma, impulsada por BCN En Comú (los únicos que aún conservan cierta credibilidad), que junte todos los actores que se pueda, de ambos lados de la "frontera" alrededor de la palabra "diálogo", que sí parece que denota un relato fuerte y moderno. Esta plataforma tendría poco poder efectivo(PPSOE-Cs no se apuntarían a ella seguro), pero si consigue hilvanar una historia fuerte que pueda enganchar a los que nos sentimos huérfanos de un lado y otro, y captar a los que apoyan a su ente superior porque no hay otra cosa, lo mismo podría cambiar el rumbo.

Por ahora no veo movimientos creíbles en esta dirección. Invocar un Estado Federal no es sólo pronunciar su nombre como unas palabras mágicas. Hay que dar detalles, relatar cómo sería la vida en él, pensar cómo se regiría, cómo sería la transición. Veremos...

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