En el mundillo del Decrecimiento hay un debate eterno, que se repite en bucle desde los mismos principios del tema, sobre la idoneidad (o no) de la palabra como herramienta de comunicación al público general no concienciado.
Este artículo va a ser largo. Intentaré hacerlo ameno y espero que os vuele suficiente la cabeza como para que queráis seguir leyendo.
La tesis que vengo a contar hoy es que ese debate nunca se resuelve porque se está jugando en terreno equivocado. Es como si quieres jugar al hockey en una pista de baloncesto: nunca va a funcionar.
Casi toda la gente que yo he visto hablar de esto lo hacen sobre todo desde un punto de vista racional, sin terminar de entender la dimensión emocional del asunto. Pero es que es ahí donde está el meollo. Yo voy a intentar exponer el asunto con otro enfoque, a ver si así conseguimos llegar a algo.
DISCLAIMER: yo no soy experto de estas materias; me considero simplemente alguien que ha leído y reflexionado muchísimo sobre el tema, y tengo cierta confianza de que esto es correcto. Pero estoy abierto a crítica y debate.
1. Los dos cerebros
Lo siento, pero primero tengo que exponer el fundamento teórico en el que me muevo, porque si no, no se entenderá lo que viene después. Si ya conoces estas cosas, puedes saltar al punto 3.
Los seres humanos tenemos dos cerebros (esto es una simplificación tremenda, pero aún así sigue siendo un modelo útil).
Uno de ellos sigue las reglas de la lógica racional. Trabaja con hechos y argumentos, y genera conclusiones. Por ejemplo: "la producción humana está destruyendo el medio ambiente y nos matará a todos; por tanto, si no queremos morir, tenemos que dejar de producir así". Esto es un argumento (modus tollens) que nuestro cerebro racional puede entender. Luego decidirá si es verdad o no, y podrá actuar en consecuencia, o no.
El otro sigue las reglas de la lógica emocional. Trabaja con percepciones y vivencias y genera emociones. Por ejemplo: estoy en un bosque de noche y escucho un ruido fuerte. Entonces, siento miedo. Este miedo me puede empujar a huir, a esconderme o a prepararme para pelear.
Hay una diferencia muy importante entre ambos: las deducciones racionales son un proceso generalmente consciente, y las acciones que podemos tomar después dependen de la voluntad. En cambio, las reacciones emocionales son automáticas y subconscientes, y las respuestas activas son en gran medida actos reflejos, que se disparan sin pasar por la voluntad. Además el proceso emocional es muchísimo más rápido, y su resultado influye poderosamente en el otro.
Por ejemplo, cuando sentimos miedo, nuestro cuerpo genera adrenalina. Los músculos se preparan para activarse, y el cerebro desactiva todos los circuitos que no son imprescindibles para la supervivencia más inmediata, incluyendo el lento procesamiento racional. Por eso no se puede discutir con una persona muy asustada o alterada: simplemente no entiende los argumentos.
Hay muchas otras formas en las que las emociones interfieren en el pensamiento racional. Ahora veremos alguna más.
2. Cómo argumentan las emociones: los patrones
La lógica racional es muy conocida. Pero ¿cómo se decide qué emoción se tiene que producir en cada momento?
La respuesta es muy compleja, pero podemos generalizar (que me perdonen los expertos) diciendo que el cerebro emocional busca patrones. Un patrón es como una plantilla que tenemos memorizada y que sirve para reconocer situaciones y experiencias, y trae incorporado un análisis y unas conclusiones "prefabricadas".
Ejemplo: una persona se ha criado con un padre autoritario, con el que siempre andaba de bronca. Un día un amigo se le acerca para aconsejarle cómo hacer una cosa. La memoria de esta persona decide que la situación se parece mucho a las innumerables veces en que su padre se le acercaba para darle la brasa, y casi inmediatamente se le dispara la ira. Un rato más tarde, comprende racionalmente que su amigo estaba siendo respetuoso y sólo quería ayudar, y se calma, pero la primera reacción ha sido automática, sin poderlo evitar.
Esto es algo que nuestro cerebro hace constantemente durante toda la vida, desde detalles mínimos como coger un lápiz que se ha caído al suelo hasta grandes procesos vitales. Hay patrones muy básicos e instintivos, como el miedo a la oscuridad, y otros son aprendidos.
Y hay un detalle importantísimo: los patrones no buscan la verdad, sino la utilidad. Cuando oyes el ruido en el bosque, es irrelevante si realmente es un tigre o no; lo importante es que los individuos que sienten miedo tienden a sobrevivir más que los que pasan del tema o se acercan a curiosear.
Nuestros cerebros han evolucionado para volverse buenísimos reconociendolos, y generando patrones que eran muy útiles para sobrevivir cuando vivíamos en la naturaleza. Otra cosa es que esas habilidades sigan siendo buenas para un entorno fuertemente artificial como el moderno.
3. Los marcos: patrones culturales
Este tema es menos conocido, pero si ya sabes de qué va, pasa al punto 4, donde ya por fin llego al meollo del asunto.
El investigador y activista George Lakoff habla de lo que llama marcos mentales o metáforas, que es un tipo de patrón que se crea y se propaga a través de nuestra cultura.
Un marco es una estructura que existe en la memoria colectiva de un grupo humano. Todo el mundo la conoce y se puede activar con una única palabra o una frase. Imaginad un acto público en el que hay un personaje importante y pomposo, con un grupo de palmeros riéndole las gracias. Y de pronto alguien exclama "buf, ese emperador está desnudo". ¡Es magia! En cuestión de milisegundos, cada persona presente ha traído a su mente el cuento del traje nuevo del emperador, ha repartido papeles entre los presentes (quién es el emperador, quién el sastre, quiénes los aduladores y quién el niño), y, aunque no conozca a esas personas, ya hay algunas que le caen peor y otras mejor.
Lo más importante es que esto ocurre incluso si no estás de acuerdo. Es posible que tú no creas que este personaje sea tan vacuo. Pero la activación del marco establece el terreno de juego, y desde ese momento te pone a la defensiva; si quieres ir en contra tienes que justificar por qué crees que esta persona no es tan mala como establece el consenso de referencia que se ha establecido instantáneamente en el grupo.
Esto es absolutamente fundamental en nuestra comunicación. Si yo cuento algo que activa el marco adecuado, la audiencia va a estar fácilmente predispuesta a escuchar y aceptar lo que diga después. Pero si activo uno que no es, se van a sentir en mi contra incluso antes de que empiece a explicar mi rollo. O simplemente dejarán de escuchar o pasarán al siguiente reel en su pantalla, sin siquiera terminar de ver el mio.
La élite dominante hace mucho que ha entendido esto perfectamente, y lo lleva utilizando para dar fuerza a los discursos reaccionarios. En cambio, el progresismo sigue ignorandolo, a pesar de los esfuerzos de Lakoff y otros como Chomski y algunos más. No es descabellado decir que esta una de las razones principales de que el fascismo esté ganando la batalla de la hegemonía cultural.
Hay muchos tipos de marcos. Por ejemplo los cuentos y mitos, las tradiciones de nuestra herencia cristiana, memes y referencias de la cultura pop, y también historias como la del millonario que se hizo a sí mismo o el empresario que crea puestos de trabajo. Algunos incluso han sido creados deliberadamente, como estos últimos, que fueron difundidos por los seguidores de la Escuela de Chicago durante la ofensiva neoliberal de los años 70-80.
4. Los marcos del Decrecimiento
Dicho todo esto, la pregunta interesante es: ¿qué marcos activa la palabra Decrecimiento
En nuestra cultura, el crecimiento está conectado con varios marcos positivos:
- Los niños y niñas que crecen y se hacen mayores.
- Cosas que se hacen más grandes y fuertes.
- Historias de abundancia y prosperidad.
- Economías que "van bien" y crean puestos de trabajo.
Por tanto, si simplemente te presentas usando la palabra Decrecimiento tal cual, lo que estás haciendo es a) activar alguno de esos marcos; b) declarar que estás en contra.
Por más que tengas preparada una argumentación súper brillante demostrando que tu decrecimiento es bueno, como decía arriba, la reacción emocional se dispara primero. Y tu audiencia puede dejar de escuchar antes de que empieces a hablar, o si te escucha, lo hará desde un ánimo negativo que vas a tener que remontar.
Esto no significa que no se pueda explicar el Decrecimiento. Si tienes tiempo y ya has conseguido una audiencia dispuesta a prestarte atención, realmente hay argumentos muy buenos para defender el término y lo que representa, como los que expone Luis González en El Salto. Pero si ya has espantado a tu público incluso antes de empezar a explicarte, te lo vas a tener que currar para recuperar la atención perdida y ganarte su confianza. Todo eso es energía desperdiciada.
5. Entonces, ¿no podemos usar esa palabra?
¡Sí! Se puede usar, si sabemos cómo.
El propio Lakoff describe también un mecanismo que llama "reenmarcar" ("reframing"). Consiste en exponer tu idea eligiendo cuidadosamente las palabras para escoger qué marco quieres que se active.
También existen marcos que muestran al crecimiento como algo negativo. Por ejemplo
- El cáncer que se hace más grande.
- La adicción a una droga que cada vez necesita más dosis hasta que te destruye.
Así, en vez de "tenemos que decrecer" podríamos decir quizá "tenemos que desintoxicarnos del crecimiento" o "tenemos que curarnos del crecimiento maligno", para activar esos marcos, más fuertemente que los del crecimiento bueno.
Al hacer eso, nuestros interlocutores, aunque no sepan muy bien aún de qué les vas a hablar, ya tienen en su cabeza la idea general de que hay algo importante que nos hace daño y que se está haciendo cada vez más grande, y que cuando nos libremos de ello vamos a estar mejor. Probablemente les chocará esa palabra en ese papel, pero esa extrañeza es buena para que tengan ganas de saber qué les vas a contar. Y cuando te pongas a explicar lo que es el PIB, las reacciones emocionales y valoraciones bueno / malo que les van a surgir automáticamente serán coincidentes con las que esperamos que tengan una vez que hayan escuchado y entendido el mensaje completo.
Esto último es la clave para distinguir la comunicación honesta de la manipulación. Cuando eliges deliberadamente qué marco quieres activar, para transmitir el mismo mensaje a los dos cerebros, tu comunicación es más eficaz. Pero si introduces ideas diferentes, puedes estar transmitiendo un mensaje aparente por el canal consciente, pero subliminalmente estás hablando de otra cosa, como ilustraba tan bien el clásico de John Carpenter Están vivos.
También va en esta línea el término Post-crecimiento, que evoca el marco de que antes había una cosa, que ha podido tener su papel durante un tiempo, pero ya está rancia y caduca, y es hora de avanzar hacia lo siguiente que será más nuevo y mejor.
6. No se vayan todavía, aún hay más
Hay una cosa mejor aún que se puede hacer: crear marcos nuevos.
Los marcos culturales tradicionalmente han surgido de forma orgánica: la gente va hablando de ciertos temas y poco a poco se va formando el patrón en las cabezas de muchas personas. Pero como mencionaba en el punto 3, la Escuela de Chicago demostró que también se pueden crear deliberadamente.
Muchos marcos toman la forma de historias: hay personajes o roles, a éstos les ocurren cosas y esas cosas tienen un significado o moraleja (ej. el del "sabio incomprendido": una persona revela un conocimiento importante; la gente no se lo cree y se burla; al final se demuestra que tenía razón y los estúpidos que no le hicieron caso sufren las consecuencias de su error). ¿Os suena de muchas películas?, pero también de historias de instagram, noticias de prensa...
Una forma muy eficaz de crear un marco nuevo, pues, es contar historias. Es lo que hicieron los neoliberales: llenar Hollywood, los periódicos y las novelas de historias de autosuperación individual, de competición, de "buenos" y "malos"... También lo están haciendo ahora los neofascistas con historias de inmigrantes que se aprovechan del sistema con sus paguitas y se dedican a violar a mujeres. A base de contar muchas diferentes por muchos canales, la gente va reconociendo el patrón y se forma el marco cultural. Un marco no tiene por qué ser "verdad": si repites una mentira muchas veces, pero es una buena historia, se acaba grabando igualmente.
Así que, si queremos que la gente oiga "decrecimiento" y le suene a algo bueno, no tenemos que explicarlo. ¡Tenemos que contarlo!. Si empezamos a difundir por todas partes historias (buenas) de gente que reduce su huella ecológica y vive más feliz, poco a poco la gente lo irá reconociendo. Y si vamos metiendo la palabra al lado de las historias, se acabarán vinculando. Pero primero la historia y luego la palabra.
Y por supuesto, una vez que consigamos esa atención en positivo, ¡ya llega el momento de dar todas las explicaciones y argumentos que haga falta!
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Las ilustraciones son de cocomaterial y este artículo está basado en
ideas del taller Comunicando el Cambio de WEAll Iberia.

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