domingo, marzo 22, 2009

Conclusiones finales y paso a la acción

Tras todo lo explicado anteriormente paso a enunciar mis dos conclusiones:
1) Dios existe.
2) Existe porque lo hemos creado nosotros.
El 1 significa que los humanos tenemos la experiencia de Dios, y es una experiencia real, al igual que si veo una flor, la experiencia de reconocer esa flor es real, independientemente de que además haya una flor ahí o no.

El 2 significa que la realidad física detrás de la experiencia de Dios no es una realidad externa, sino que ocurre dentro de nuestra mente.

Dios (el Dios místico, no el teológico) es la forma en que conceptualizamos estas capacidades de nuestro cerebro que no pertenecen a la zona lógica y racional, a la zona con la que tenemos habitualmente mayor contacto consciente. Estas capacidades que nos conectan con el mundo y nos dan respuestas sin que podamos describir el proceso mediante un mecanismo deductivo (aunque también tienen sus propias leyes). Y cuyas respuestas no son accesos directos a la Verdad objetiva, sino aproximaciones heurísticas orientadas a ayudarnos a elegir las acciones que nos harán vivir mejor.

Diferentes versiones de Dios (o el Ser supremo, o los Maestros Ascendidos, o como sea) son en realidad distintos modelos de lo mismo: al igual que los científicos crean modelos para ayudar a explicar los fenómenos, los humanos creamos modelos de los dioses dándole atributos humanos, o de otro tipo, para poder manejarlo mejor, algo similar aunque a otro nivel a cuando los niños pequeños dibujan ojitos y boca a la casa, la nube o el sol. Y estos modelos son mejores o peores no por ser más parecidos a la Realidad, sino por ser más útiles a la hora de hacernos más felices. Pero al fin y al cabo no son más que eso, conceptualizaciones de una realidad que es la forma en que funcionamos. Es un error tomar estos modelos como una verdad literal.

Sería fabuloso que la humanidad aceptara este punto de vista. Requiere una concesión doble. Los escépticos deberían aceptar la experiencia de Dios y darse cuenta de que tal como lo explico es algo real, útil y con mucho sentido. Y los creyentes deberían aceptar que, sin embargo, esa realidad es moldeable. Es decir, abandonar el dogma y quedarse con la experiencia. Incluso creo que se puede aplicar el método científico a la Fe: si las representaciones teológicas son modelos, éstos pueden evolucionar, pueden ir cambiando para ser cada vez más útiles a la hora de darnos felicidad, que es para mí en realidad su sentido auténtico, y para sincronizarse cada vez más con cómo realmente somos. Lo único que en este método científico no se aplicarían tanto las mediciones y las matemáticas como la introspección, la intuición y el propio sentir, que son herramientas que también pueden ser muy aplicables para la ciencia si se entienden.

COROLARIO:

Tras todo lo dicho y expuesta mi teoría por completo, paso a modo activo y propongo varias acciones que creo que es imprescindible tomar si queremos realmente cambiar el mundo por otra cosa que funcione mucho mejor.

1: Desmontar las iglesias.

La Iglesia Católica y otras muchas que hay por ahí, contienen gran cantidad de elementos interesantes. Pero la mayoría de ellas se apoyan en un pilar fundamental que dice que su doctrina es la Verdad Absoluta. El Papa es infalible, la Iglesia es única y eterna, y esas cosas. Y si ese pilar se rompe, se desmonta el edificio entero.

Desmontémoslo, pues. La verdad religiosa es subjetiva, es adaptable y su importancia reside en su utilidad para inspirar modos de vida feliz, más que en su realidad.

Hagamos a todos los estados auténticamente laicos, quitemos poder y riquezas a los papas y obispos, y liberemos a la fe de la jerarquía eclesiástica.

2: Aceptar la realidad espiritual.

La fe, la espiritualidad, la intuición, las emociones, no son estupideces. Los occidentales las hemos despreciado durante milenios. Los orientales las han cultivado pero sin un buen método científico, mezclando análisis con superstición. Ya es hora de cambiar esto. Hay que unir ambos esfuerzos. La ciencia debe entrar a estudiar estos temas con valentía y apertura, aunque sin perder el rigor que la caracteriza. De hecho, ya está ocurriendo. La serie de televisión de Eduardo Punset tiene bastantes capítulos dedicados a informarnos de esto. Éste, por ejemplo: Redes 4: La intuición no es irracional (24 min.). Y hay bastante gente por ahí iniciando estudios más o menos serios sobre funciones que hasta hace poco se consideraban del ámbito puramente espiritual y excluidas del estudio científico. Un ejemplo, éste estudio sobre la fisiología de la meditación, que aún no he leído pero promete.

3: Fundar una nueva ética.

La ética es la necesidad más importante y urgente de la Humanidad. Es lo que determinará si sobrevivimos a la siguiente generación o permitimos que nuestro poder tecnológico desquiciadamente creciente nos destruya.

El problema es que hasta ahora la ética había sido monopolizada por las iglesias. Pero opino que esto es erróneo, tal como he explicado. Es necesario buscar otros caminos para alcanzar unas reglas compartidas acerca de lo que está bien y está mal.

La fe es un buen fundamento para una ética personal. Es decir, las convicciones profundas de un individuo determinarán sus acciones, probablemente por encima de cualquier otra cosa. Pero esto no sirve para crear normas colectivas, puesto que diferentes personas pueden tener convicciones distintas.

Sin embargo, como dice Marina en Dictamen sobre Dios, el método científico, es decir, a) proponer hipótesis inspiradas en experiencias personales, utilizando también la introspección y los sentimientos, dejándose llevar por el "corazón"; b) analizar racionalmente y debatir abiertamente compartiendo experiencias; c) poner en práctica los sistemas éticos propuestos y evaluar después su resultado en cuanto a felicidad conseguida; todo esto puede llevarnos a encontrar normas que funcionen bien para todos.

Por ejemplo, la "Regla de Oro" (harás a los otros lo que quieras que los otros te hagan a ti). O los Derechos Humanos Universales. O el Anarquismo: establecer un conjunto de normas básicas que impidan que unas personas ejerzan el poder sobre otras y a partir de ahí dejar actuar libremente. Etcétera.

Estoy seguro de que aplicando este método seremos capaces de encontrar un sistema ético que funcione mucho mejor que cualquiera de los que se han probado. Y no fundado en que Dios dijo tal cosa, o en la Ley Natural, tan ambigua y esquiva; sino simplemente en que se ha debatido con calma, se ha probado y se ha visto que funciona. Si funciona, ¿para qué hace falta fundamentarlo?

4 comentarios:

Elbereth dijo...

La mística siempre ha sido una opción para aquellos espíritus que querían ensanchar su mundo. Algunas mujeres se dedicaron a la espiritualidad al no querer entrar en las restricciones que le imponía la sociedad. La mística y el amor eran puertas a la libertad. Por lo general, a lo largo de la historia, a la mujer le fue adjudicada la libertad relacional mientras a los hombres se les otorgó la libertad individual.

La época feudal propició la libertad femenina por estar basada en la relación. Las beguinas adoptaron un modo de vida que les ofrecía esa libertad sin tener que someterse a jerarquía alguna. La libertad femenina es relación sin fin, por lo que no tiene otro objetivo más allá de la relación.

En la Europa feudal, muchas mujeres exploraron el sentido de su ser mujer en el mundo y experimentaron formas femeninas de libertad.

A veces fueron perseguidas por jerarcas laicos y eclesiásticos, quemadas o desautorizadas. Pero ellas siguieron trazando genealogías, escribiendo textos para sus seguidoras...

Los siglos más propicios fueron el XII y el XIII, hasta la llegada de la revolución aristotélica. En los siglos X y XI, ya había movimientos de mujeres que formularon la “pregunta de las mujeres”. En Cataluña encontraos a las deodicatae y las devotae. Eran mujeres seglares dedicadas a formas libres de espiritualidad y piedad que vivían solas o en compañía, en lugares agrestes o en eremitorios.

Tanto las beguinas como las beatas, las trovadoras y las cátaras, compartían la fe en el amor, y eran fieles a él, no a la jerarquía feudal. El amor has sido una experiencia propia de la historia de las mujeres. Dante, que vivió en cercanía con las trovadoras, las cátaras y que fue coetáneo de la mística beguina Margarita Porete, dijo en su Vita nuova: “Mujeres que tenéis la inteligencia del amor...”

El amor de Dios es amor en infinitivo, infinitamente. Las beguinas combinaron el amor y la razón, siendo esta última iluminada por Amor. Creyeron en el amor como principio que ordena las relaciones humanas y como mediador de trascendencia. El amor como algo propio de Dios que puede encarnarse en una persona. No dejaron a Dios a la teología sino que lo incorporaron a la vida corriente. Esto es lo que desbordó la tolerancia de la jerarquía eclesiástica.

En la Europa del siglo XII se expandió la doctrina de los dos infinitos, que consistía en la presencia de dos principios creadores: Dios y la materia prima, lo masculino y lo femenino. Cada sexo tenía su anhelo de infinito.

Las beguinas se resistían al destino de casada o de monja supeditada a la Iglesia. Rompen con el patrón de mujer pública y mujer privada. Son místicas sin la imposición del voto de castidad. Quería ser espirituales pero no religiosas. No querían ser demonizadas ni canonizadas.

En el siglo XVIII, fueron condenadas y prohibidas por la Revolución Francesa.




Las trovadoras fueron poetisas del amor cortés. Se encuentran en Provenza y Cataluña en el XII y el XIII. En las cortes, formaron parte del núcleo político y literario. A través del amor y del diálogo en torno a él, regularon de un modo original y peculiar las relaciones de los sexos y entre los sexos. Fueron tomadas como grandes consejeras.

Declinaban el amor en singular, como lo divino entendido como el daimon, como lo nuevo que trae al mundo cada criatura que nace.

Se diferencian de la creación masculina del amor cortés por la imagen que ofrecen de la mujer. En la Canción de Roldán o el Cantar de Mío Cid, los caballeros son los fuertes y las damas las débiles. Ellas devuelven la voz y la mirada de lo femenino desde lo femenino, desde la libertad y el amor.

La revolución cátara aplastada con sangre y fuego señala:

DIOS ES AMOR.

Andres 2.0 dijo...

Vaya, curiosa historia. No es una respuesta muy directamente relacionada con lo que yo he escrito, pero sin duda es algo de lo más interesante, y que además yo desconocía.

¿Tienes alguna bibliografía relativamente asequible sobre este tema? Me gustaría saber algo más, dentro de mis limitaciones temporales que ya conoces...

Elbereth dijo...

* Epiney-Burgard, Georgette & Zum Brunn, Emile (1998). Mujeres trovadoras de Dios. Una tradición silenciada de la Europa medieval. Barcelona: Paidós. ISBN 9788449304859.
* Hadewijch de Amberes (1999). El lenguaje del deseo. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 9788481643572.
* Porete, Margarita (2005). El Espejo de las Almas Simples. Madrid: Ediciones Siruela. ISBN 9788478449156.
* – (1995). El Espejo de las Almas Simples. Hermana Katrei. Barcelona: Icaria Editorial. ISBN 9788474262421.
* Sanz González, Ana Isabel (2002). Mujeres en la Edad Media: las raíces de la libertad. Madrid: Sociedad de Nuevos Autores. ISBN 9788493282196.

Asimismo relacionados: La Divina Comedia del Dante; Los Cátaros de Jesús Mestre Godes, Maria Magdalena y el Santo Grial de Margaret Starbid; Los Gnósticos de Tobias Churton, y como no, sobre la gran Leonor de Aquitania, la de "los pies grandes"....la reina del Grial, reina de trovadores , esposa y madre de reyes, inspiradora de la corte de trovadores: una magnífica biografía: "Leonor de Aquitania, la Reina rebelde" de Jean Flori, de Editorial Edhasa, colección biografía.

Andres 2.0 dijo...

Gracias por la bibliografía. Fui el otro día a una biblioteca pero no tenían ninguno de esos libros. Aún así, los tengo apuntados y los buscaré cuando pueda.

De momento he buscado "beguinas" por Internet y hay bastante información, al menos para hacerse una idea general, hasta que pueda conseguir alguno de esos libros.