Navegando por ahí me he encontrado un par de posts de un blog, que ilustran bastante bien uno de los puntos que escribí en el capítulo de las conclusiones.

Es un blog dedicado a la defensa de la fe católica. No conozco al autor, pero por lo que he leído, de entrada me parece uno de esos casos poco frecuentes en los que alguien habla de religión (o de política) pero de forma sensata, que uno puede leer y argumentar con calma, tanto si está de acuerdo como si no.

En el post "El escabroso padre Llano", el autor nos habla del Padre Alfonso Llano Escobar, un jesuita colombiano que, por resumir en pocas palabras, plantea una reforma de la Iglesia Católica en unos términos relacionados con lo que yo escribo aquí. Él lo llama "fe crítica", y consiste en una fe en la que pierde importancia el aspecto dogmático, relativizando aquellos conceptos que entran en conflicto con la ciencia. Por ejemplo, afirma que la virginidad de María es un símbolo y que Jesús no necesariamente resucitó en cuerpo físico, sino que es una metáfora.

Pues bien, el autor del blog rechaza de pleno tales planteamientos. Como ya dije en el corolario 1, el Dogma es el pilar central de esta Iglesia. Si se reblandece, se cae todo. Con lo que cualquiera que se defina como cristiano católico, debe ser ortodoxo.

En otro post, titulado ¿Fanático?... no, tan sólo católico, se reafirma en la idea. Dice: si yo afirmo que "soy cristiano", tengo que estar de acuerdo con todas estas cosas:

Que el matrimonio es para toda la vida.
Que las relaciones fuera del matrimonio están mal.
Que la vida es sagrada y el aborto es un asesinato aún en caso de violación.
Que la homosexualidad es un desorden moral grave y dista mucho de ser normal.


Añado yo que también debe creer, por ejemplo, que María de Nazaret conservó su trocito de carne intacto incluso después de nacer su hijo; que las células de Jesús revirtieron su proceso de necrosis, sus neuronas recuperaron su equilibrio químico destruido y volvieron a conectarse, y sus órganos reiniciaron espontáneamente su actividad tres días después de morir; etcétera.

Más aún, diría yo que el creyente debe aceptar también las virguerías dialécticas de los teólogos para justificar cosas como a ese Dios antiguo que ordenaba a Moisés matar personas, tomar esclavos y violar o apedrear mujeres por ser enemigos o impuros; o ese Limbo que existió durante siglos pero dejó de hacerlo hace algunos años.

Los "cristianos a la carta" que aceptan algunas partes de la doctrina pero otras no, en realidad rechazan la doctrina de pleno, pues ésta se planteó así desde el principio, desde aquel concilio de Nicea en el que se inauguró la costumbre de quemar libros heréticos.

Así que en el fondo me parece buena idea que haya venido un Papa como el que hay ahora, dedicado a aplicar estos principios de forma rigurosa. Gracias a él, se sabrá ahora mejor cuántos cristianos "de verdad" existen. Y pueden pasar dos cosas:

- Que realmente haya muchos, que se "pongan las pilas" y consigan convencer a todos de que esa doctrina es Verdad, es la Realidad objetiva que existe, con lo cual lo normal es que todo el mundo pase a regirse por ella.

- Que esa doctrina, al confrontarse con la realidad, vaya perdiendo fuerza, y por lo tanto creyentes, y en algún momento surja un "cisma" o algún otro tipo de escisión, que se funde un nuevo movimiento según principios parecidos a los que defiende el Padre Llano, pero desconectándose de ese Dogma fundamental, y acabe atrayendo a la mayoría de creyentes, desapareciendo la Iglesia tal como la conocemos.

Creo que es fácil adivinar cuál de estas dos opciones me parece más deseable y probable. Por si queda alguna duda, algunas de mis creencias son, por ejemplo:

Que el que promete algo para toda la vida, está apostando con un dinero que no es suyo, puesto que yo no soy dueño del "yo" que seré dentro de unos años (y tampoco creo en un dios personal que "avale" este tipo de promesas).

Que las relaciones fuera del matrimonio no están mal ni bien; depende de si se llevan a cabo de forma sana, segura y consciente. Si se viven en forma positiva y creativa pueden aportar a la felicidad y crecimiento humano; si no; pueden ser destructivas, igual que las de dentro del matrimonio.

Que la vida es sagrada, que no está al mismo nivel la vida vegetal que la animal que la humana (aunque todas ellas tienen valor), y que no está nada claro el momento en el que un embrión fecundado pasa a ser humano y a distinguirse de una simple célula o de un animalito, que también está vivo pero no tiene las mismas cualidades humanas; que probablemente esta transición sea gradual, no abrupta.

Que la homosexualidad es una parte de la realidad humana, y que moralmente es neutra, dependiendo la bondad o maldad de cómo se origine y cómo se viva, más que del hecho en sí, como decía antes.