domingo, octubre 25, 2009

Seguimos con el decrecimiento

"Decrecimiento" no es más que una palabra, una de esas palabras-bomba que calan en la mente colectiva con fuerza, como "antiglobalización" o "mileurista". En este caso, es una palabra que representa en realidad una multitud de ideas y movimientos a muchos niveles. De hecho, muchos de estos movimientos llevan existiendo desde mucho antes de que se popularizara esta palabra, que simplemente los arropa y les da un nuevo marco en el que incluirlos.

Igual que "antiglobalización", esta palabra cristaliza toda esta variedad en un punto: la oposición al dogma del Crecimiento, del que vengo hablando aquí hace tiempo, y que como dice el Crash Course, es un requisito básico del sistema económico actual, pero que se ha demostrado que es físicamente insostenible.

Por ello, al ser una cuestión tan objetiva y matemática, es una idea que se puede asumir desde muy diferentes corrientes y puntos de vista situados a todos los lados del espectro ideológico.

No voy a describir aquí en qué consiste, dado que en la sección de la Wikipedia, que ya cité, se describe con mucha claridad y profundidad, y con una buena colección de enlaces y referencias.

Me gustaría más bien centrarme en algunos aspectos particulares. Por ejemplo: decía Elbereth en sus comentarios que una de las críticas a este movimiento es que se limita a señalar los errores del sistema actual pero no presenta alternativas.

No estoy de acuerdo. Hay muchas propuestas a muchos niveles, teóricos y prácticos. Por poner un ejemplo, véase la visión de André Gorz. ¿Una utopía? ¿Nadie querrá vivir así? Pues bien, en el mundo existen, ya mismo, y en nuestras mismas ciudades, comunidades que funcionan bajo este tipo de principios desde hace tiempo. No hay más que pasarse por el Patio Maravillas en pleno corazón de Madrid. O visitar cualquiera de estos grupos, por poner unos pocos que se me ocurren ahora: BiciCrítica, Bajo el Asfalto está la Huerta, Slow Food, Global Ecovillage Network (Red Global de Ecoaldeas), Red Mundial para la Objeción al Crecimiento, etc.

También hay teóricos como Joseph Stiglitz, Serge Latouche, Nicholas Georgescu-Roegen o Iván Illich, por decir algunos, que se cuestionan, desde dentro de las instituciones económicas y científicas, el modelo económico basado en el crecimiento perpetuo.

Lo que no hay es un movimiento unificado y con una propuesta concreta, una corriente fuerte liderada por algún personaje carismático y con un nombre acabado en "ismo". Eso no.

Pero es que tampoco veo yo que la gente tenga mucha prisa por conseguir algo así. Este tipo de grandes corrientes ideológicas son típicas del siglo XIX y principios del XX. Pero después del auge y posterior declive del Posmodernismo (probablemente el último "ismo"), mucha gente en la vanguardia social desconfía de las ideologías fuertes y de los liderazgos personales. Yo he visto este debate a menudo, por ejemplo, en la red Indymedia (canalizadora de las acciones antiglobalización) y en las crónicas de las reuniones del Foro Social Mundial. Existe en estos ámbitos la intuición de que el mundo es demasiado complejo para ser comprendido por una única teoría, y el resquemor de tantos líderes revolucionarios que han derivado en fanáticos anclados en el poder y constriñendo la libertad de pensamiento.

Lo que se busca, en cambio, son las estructuras en red. Esta es la estructura característica del siglo XXI: cientos o miles de nodos humanos o ideológicos, autónomos pero interconectados, cada uno centrado en un aspecto particular de la realidad, pero que interactúan formando sinergias que van más allá de la simple suma de las partes. Que se juntan puntualmente en plataformas y foros, para conseguir objetivos concretos, para a continuación disolver estas estructuras y volver a las células sueltas.

El objetivo al que aspiran muchas de estas gentes no es a formar un nuevo partido político que crezca lentamente y acabe disputando el poder con los ya existentes (hay quien incluso rechaza hostilmente esta idea). De lo que se trata más bien es de que una serie de ideas revolucionarias vayan calando en las personas, a nivel individual o de pequeños grupos, y que cada cual las vaya aplicando en su propia vida y las de los que le rodean, transformándose cada uno a sí mismo (que es el único lugar donde todos tenemos verdadero poder), y difundiéndose poco a poco, por capilaridad, hasta llegar a una masa crítica que produzca la verdadera transformación social.

Masa crítica es un concepto de la física atómica pero adoptado por la sociología para referirse a un proceso por el cual no es necesario que una idea o "meme" sea adoptado por la mayoría de la población para que pase a ser de uso común. Cuando la cantidad de gente que apoya el meme está por debajo del número crítico, los que lo escuchan piensan que es algo "raro" y tienden a ignorarlo o despreciarlo. Pero si la cosa crece, llega un momento en que de pronto parece que hay "mucha" gente que lo apoya, y el meme se vuelve "normal", con lo cual la inercia ahora se da la vuelta y empieza a empujar para arriba. Entonces ocurre como una explosión, y en un tiempo muy breve la idea alcanza a toda la población, sale por la tele y las marujas lo comentan en la peluquería, como quien dice.

Se me ocurre poner un ejemplo que he vivido personalmente: el fenómeno del frikismo. Hasta hace muy poco, casi nadie leía ciencia ficción ni sabía quién era Tolkien, y si el vecino se enteraba de que jugabas a rol llamaba a la policía. Sin embargo hoy los congresos de cómic y rol salen por la tele, se habla de ellos en los periódicos como un fenómeno cultural y hasta hay marchas de Orgullo Friki por las calles.

Pues bien, yo creo que si esto ocurriera con las ideas del Decrecimiento y otras similares, no haría falta crear nuevos partidos politicos, puesto que la población en general exigiría a cualquiera que estuviera al mando que se posicione al respecto, con lo que incluso el PSOE y el PP tendrían que ofrecer propuestas alternativas si quisieran que les voten. O mejor aún, la gente se atrevería finalmente a dejar de votar a estos dos y a apoyar a otros grupos que salieran, que ahora lo tendrían más fácil para conseguir bases y votos.

Si una mayoría de la población de los países ricos empezara a adoptar cambios en su propia vida dirigidos a huir del consumismo masivo y de la hipnosis de la publicidad y la televisión, sería mucho más fácil plantear proyectos alternativos.

De hecho, en Francia, que es donde más está pegando esta idea, parece que la idea de retirarse al campo a vivir de otra manera ya no es una utopía de cuatro locos, sino que empieza a haber tantos que ya se están organizando y comenzando a tener influencia. Tanta que el gobierno de Sarkozy se está "asustando" y quiere empezar a atacarles, como descubrí hace poco en este artículo de Público. Recordemos la secuencia clásica de las ideas revolucionarias:
  • Primero te ignoran.
  • Luego te ridiculizan.
  • Luego te atacan.
  • Finalmente, has ganado.
Si hacemos caso a esta secuencia, parece que el movimiento está a punto de conseguir un triunfo importante en Francia...

Dicho todo esto, quisiera comentar también que además del pensamiento anti-ideologías y pro-red, también hay gente que sí está a favor de los movimientos fuertes y las estructuras sólidas con aspiraciones de poder (con todas las salvedades de esta palabra). El ejemplo más claro es el grupo liderado (por así decirlo) por Ignacio Ramonet, que cristaliza en el diario Le Monde Diplomatique, la asociación ATTAC y el antes mencionado Foro Social Mundial.

También hay algo que está surgiendo desde hace poco y que yo sigo con interés, aunque desconozco aún en gran parte, llamado Alianza Bolivariana o ALBA, promovida por los gobiernos de Venezuela, Cuba y Bolivia, a la que se han sumado otros, y que propone una organización política internacional de los países de Sudamérica, siguiendo unos principios muy distintos a los de la Globalización Neoliberal y más acorde con lo que aquí hablamos del Decrecimiento. Muy significativa, desde el momento en que es una propuesta autóctona de la gente del Sur, en vez de algo parido en el Norte y luego exportado a los "pobres" del tercer mundo, como viene siendo habitual. Desde luego, viendo la furia con que los medios de comunicación atacan a Hugo Chávez y Evo Morales, usando su máximo nivel de descaro, mentira y manipulación, debe ser, como decía más arriba, que esto escuece mucho a los poderosos del Norte, lo cual ya es motivo suficiente para que me interese ^_^.

Para mí ambos enfoques son necesarios y complementarios. Las redes descentralizadas aportan riqueza, flexibilidad y protección contra el fanatismo y las rigideces autoritarias. Y los movimientos unitarios aportan fuerza, concentración de energías, y mayor posibilidad de alcanzar las masas críticas que decía más arriba.

Crash Course, leído

Ayer me vi de una sentada todos los capítulos del Crash Course (proeza que no recomiendo, es mejor verlos poco a poco, pero me resultó imposible dejar de verlos hasta el final). Me parece un documental muy interesante, y creo que cualquier persona mínimamente culta debería verlo, al igual que otros similares que circulan por ahí.

Antes de retomar lo que quiero contar sobre el "Decrecimiento", quisiera hacer un resumen del mismo, me parece una buena forma de mostrar el contexto en el que estamos, y que el decrecimiento no es una simple moda light que pasará, sino que probablemente sea una cuestión de pura y simple supervivencia ante lo que se avecina.

Vamos con el resumen:
  1. Comienza enunciando tres creencias del autor del curso:

    • Estamos ya mismo en medio de un cambio masivo en la cultura occidental.
    • El cambio va a ocurrir tan rápido que va a ser muy difícil de asimilar tanto por las personas individuales como por las instituciones.
    • Actualmente poseemos tecnología y conocimientos suficientes para afrontarlo con éxito, pero carecemos de voluntad política de hacerlo, y eso es muy grave.

  2. Luego hace una exposición sobre lo que le cuesta al cerebro humano comprender conceptos matemáticos como el crecimiento exponencial o las cantidades muy elevadas (billones y trillones).

  3. Después nos hace una descripción bastante detallada de cómo funciona el dinero en el mundo moderno. Y la conclusión es impactante: en el siglo XX, el mundo (empezando por Estados Unidos y seguido por Occidente y arrastrando al resto de países) cambió el concepto de "dinero". Nos hemos inventado un sistema insensato en el que las monedas ya no son reflejo de un valor real existente en algún sitio, sino que su valor es arbitrario y los gobiernos pueden crear dinero nuevo de la nada, a voluntad, mientras que el resto de la gente se lo siga "creyendo".

    Pero este mecanismo está diseñado de tal forma que exige un crecimiento económico constante. Es decir, que el dogma del crecimiento del que hablaba en mis artículos anteriores, no es una simple cuestión de codicia, sino que es intrínseco al sistema. Como el dinero está basado en deuda, que hay que devolver con intereses, es necesario que la cantidad de dinero crezca siempre, si no, no se pueden devolver los préstamos, el sistema se colapsa y el dinero, simplemente, ¡se desvanece en la nada!

    Parece difícil de creer, pero de hecho es lo que ya ha ocurrido en la crisis inmobiliaria del 2008. Billones de dólares se esfumaron como el humo, y los gobiernos han tenido que tapar el agujero a base de exprimir un poco más a los contribuyentes y, ¡crear de nuevo más dinero de la nada! a base de endeudarse más aún.

  4. El sistema ha producido un modo de vida cada vez más basado en la deuda (hipotecas, tarjetas de crédito, presupuestos deficitarios) y en dinero virtual (burbujas), mientras que la riqueza real, el trabajo, los productos físicos, cada vez tienen menos peso en la economía. Y todo ello con un crecimiento exponencial.

  5. Este crecimiento se enfrenta a riesgos de todo tipo. El crecimiento ilimitado no es posible en un mundo finito, que ya ha llegado a sus límites en cuanto a capacidad de población, consumo de recursos, confianza en el sistema, disponibilidad de energía barata, desigualdades en el reparto de la riqueza, etc.

  6. Cerca del final, el documental nos habla del pico del petróleo, el agotamiento de las minas de diversos minerales, los límites de las fuentes de energía alternativas y también de los medios de producción de alimentos.

  7. Las autoridades mundiales, en vez de presentar el problema al público y buscar soluciones, se han empeñado en un esfuerzo fanático por preservar el status quo todo lo posible, y sistemáticamente nos ocultan información y nos manipulan con el mayor descaro. Si confiamos en nuestros gobiernos, no haremos nada y cuando todo estalle nos encontraremos con el marrón sin saber de dónde ha venido (de hecho, el primer estallido ya ha llegado, y habrá más).
Finalmente, presenta una serie de conclusiones:
  • El sistema actual que rige el mundo es insostenible. La cuestión no es si se podrá mantener o no, sino cuándo y cómo caerá, y si lo hará con suavidad o catastróficamente. Y, debido a cómo funciona el crecimiento exponencial, el desenlace será muy rápido. Estamos hablando de un plazo de entre 2 y 5 años.

  • Los próximos 20 años serán muy distintos a como han sido los últimos 20. No necesariamente tiene por qué haber grandes cataclismos y apocalipsis, pero sí puede ocurrir desde una recesión prolongada, con un gran problema de paro y pobreza, hasta un colapso económico e incluso una bancarrota estatal.

  • Es necesario mover el culo y empezar a hacer cosas. Aunque todavía no se sabe seguro lo que va a pasar, la probabilidad de que haya cambios profundos es lo suficientemente grande como para que merezca la pena empezar a prepararse. Y como los poderosos no lo van a hacer, somos los ciudadanos los que tenemos que movernos por nuestra cuenta.

  • Hay muchos niveles en los que moverse. El curso termina dando algunas pistas en uno de ellos: el cómo protegerse individualmente ante un más que posible colapso económico. Es decir, que ocurra una bancarrota en cascada de los bancos y que el dólar entre en una espiral de hiperinflación en la que su valor tienda a cero (como ya ha ocurrido otras veces con otras monedas), pero esta vez arrastrando en su caída a las monedas de muchos otros países. Las medidas incluyen desde cosas sencillas como sacar algo de dinero del banco y guardarlo en casa, o incluso comprar oro, que se devalúa menos, hasta cambios más profundos como cambiar de trabajo o de lugar de residencia, cancelar deudas e hipotecas aunque sea a costa de vender algunos bienes, replantearse nuestros hábitos de consumo, organizarse en comunidades de ayuda mutua, cooperativas de consumo y de trueque, etc.
El curso es bastante didáctico, aunque en los apartados donde entra en economía profunda se puede volver un poco espeso. Pero yo creo que no es necesario verlo entero si uno no tiene muchas ganas. Yo recomendaría al menos ver los capítulos 1 a 4, muy breves, luego opcionalmente el 18 donde hace un encaje de todas las piezas expuestas hasta ahí, y sobre todo el 19 y 20 donde hace el resumen, las predicciones de futuro y los planes de acción.

También hay que tener en cuenta al verlo, que tiene el defecto, tan típicamente yanqui, de hablar casi exclusivamente de EE.UU. como si fuera lo único que hay, es evidente que las cosas vistas desde Bolivia, China o Uganda serán muy distintas. Pero hoy día, lo que ocurra en ese país tiene un impacto directo sobre todo el planeta, y muy en especial en Europa, donde vamos muy en la estela de ellos.