sábado, marzo 28, 2009

¿Reformar la Iglesia?

Navegando por ahí me he encontrado un par de posts de un blog, que ilustran bastante bien uno de los puntos que escribí en el capítulo de las conclusiones.

Es un blog dedicado a la defensa de la fe católica. No conozco al autor, pero por lo que he leído, de entrada me parece uno de esos casos poco frecuentes en los que alguien habla de religión (o de política) pero de forma sensata, que uno puede leer y argumentar con calma, tanto si está de acuerdo como si no.

En el post "El escabroso padre Llano", el autor nos habla del Padre Alfonso Llano Escobar, un jesuita colombiano que, por resumir en pocas palabras, plantea una reforma de la Iglesia Católica en unos términos relacionados con lo que yo escribo aquí. Él lo llama "fe crítica", y consiste en una fe en la que pierde importancia el aspecto dogmático, relativizando aquellos conceptos que entran en conflicto con la ciencia. Por ejemplo, afirma que la virginidad de María es un símbolo y que Jesús no necesariamente resucitó en cuerpo físico, sino que es una metáfora.

Pues bien, el autor del blog rechaza de pleno tales planteamientos. Como ya dije en el corolario 1, el Dogma es el pilar central de esta Iglesia. Si se reblandece, se cae todo. Con lo que cualquiera que se defina como cristiano católico, debe ser ortodoxo.

En otro post, titulado ¿Fanático?... no, tan sólo católico, se reafirma en la idea. Dice: si yo afirmo que "soy cristiano", tengo que estar de acuerdo con todas estas cosas:

Que el matrimonio es para toda la vida.
Que las relaciones fuera del matrimonio están mal.
Que la vida es sagrada y el aborto es un asesinato aún en caso de violación.
Que la homosexualidad es un desorden moral grave y dista mucho de ser normal.


Añado yo que también debe creer, por ejemplo, que María de Nazaret conservó su trocito de carne intacto incluso después de nacer su hijo; que las células de Jesús revirtieron su proceso de necrosis, sus neuronas recuperaron su equilibrio químico destruido y volvieron a conectarse, y sus órganos reiniciaron espontáneamente su actividad tres días después de morir; etcétera.

Más aún, diría yo que el creyente debe aceptar también las virguerías dialécticas de los teólogos para justificar cosas como a ese Dios antiguo que ordenaba a Moisés matar personas, tomar esclavos y violar o apedrear mujeres por ser enemigos o impuros; o ese Limbo que existió durante siglos pero dejó de hacerlo hace algunos años.

Los "cristianos a la carta" que aceptan algunas partes de la doctrina pero otras no, en realidad rechazan la doctrina de pleno, pues ésta se planteó así desde el principio, desde aquel concilio de Nicea en el que se inauguró la costumbre de quemar libros heréticos.

Así que en el fondo me parece buena idea que haya venido un Papa como el que hay ahora, dedicado a aplicar estos principios de forma rigurosa. Gracias a él, se sabrá ahora mejor cuántos cristianos "de verdad" existen. Y pueden pasar dos cosas:

- Que realmente haya muchos, que se "pongan las pilas" y consigan convencer a todos de que esa doctrina es Verdad, es la Realidad objetiva que existe, con lo cual lo normal es que todo el mundo pase a regirse por ella.

- Que esa doctrina, al confrontarse con la realidad, vaya perdiendo fuerza, y por lo tanto creyentes, y en algún momento surja un "cisma" o algún otro tipo de escisión, que se funde un nuevo movimiento según principios parecidos a los que defiende el Padre Llano, pero desconectándose de ese Dogma fundamental, y acabe atrayendo a la mayoría de creyentes, desapareciendo la Iglesia tal como la conocemos.

Creo que es fácil adivinar cuál de estas dos opciones me parece más deseable y probable. Por si queda alguna duda, algunas de mis creencias son, por ejemplo:

Que el que promete algo para toda la vida, está apostando con un dinero que no es suyo, puesto que yo no soy dueño del "yo" que seré dentro de unos años (y tampoco creo en un dios personal que "avale" este tipo de promesas).

Que las relaciones fuera del matrimonio no están mal ni bien; depende de si se llevan a cabo de forma sana, segura y consciente. Si se viven en forma positiva y creativa pueden aportar a la felicidad y crecimiento humano; si no; pueden ser destructivas, igual que las de dentro del matrimonio.

Que la vida es sagrada, que no está al mismo nivel la vida vegetal que la animal que la humana (aunque todas ellas tienen valor), y que no está nada claro el momento en el que un embrión fecundado pasa a ser humano y a distinguirse de una simple célula o de un animalito, que también está vivo pero no tiene las mismas cualidades humanas; que probablemente esta transición sea gradual, no abrupta.

Que la homosexualidad es una parte de la realidad humana, y que moralmente es neutra, dependiendo la bondad o maldad de cómo se origine y cómo se viva, más que del hecho en sí, como decía antes.

domingo, marzo 22, 2009

Esquema general y cierre de ciclo

Bueno. No voy a dar más explicaciones acerca de la continuidad o no continuidad de este blog. Con estas entradas de ahora, considero cerrado el ciclo inicial tal como lo pretendía exponer cuando lo abrí hace ya más de tres años. A partir de ahora, no sé nada. Puede que escriba la siguiente entrada la semana que viene, o que se vuelva a quedar parado durante otro añito. El tiempo lo dirá.

Como en todo blog, las entradas están publicadas por orden cronológico inverso. Esto hace que sea incómodo si se quiere leerlas todas seguidas. Pongo aquí el esquema general de mi teoría, para facilitar su lectura. Recomiendo pinchar en un enlace, leer la entrada y luego volver atrás con el navegador para ir al siguiente. Quien quiera resumir un poco puede empezar por el punto 4.
  1. Apunte previo. Nociones sobre qué es la existencia.
  2. Comecocos 1 de 3: La razón, su potencia y sus límites.
  3. Comecocos 2 de 3: El fabuloso mundo de las emociones.
  4. Comecocos 3 de 3(a): Resumen de las partes 1 y 2.
  5. Comecocos 3 de 3(b): La fe es una emoción.
  6. El Reino de Dios.
  7. El Reino de Dios, explicado.
  8. Conclusiones finales y paso a la acción.
Un saludo a todos los que hayan leído esto, y disculpas a los que me siguieron al principio y se han visto abandonados miserablemente durante tantísimo tiempo. Espero que esto sea útil a alguien alguna vez.

[ACTUALIZACIÓN] Un montón de tiempo después, esto sigue vivo y he añadido algunas entradas más relativas a este tema. Las pongo aquí por tener un listado consistente y completo.

Conclusiones finales y paso a la acción

Tras todo lo explicado anteriormente paso a enunciar mis dos conclusiones:
1) Dios existe.
2) Existe porque lo hemos creado nosotros.
El 1 significa que los humanos tenemos la experiencia de Dios, y es una experiencia real, al igual que si veo una flor, la experiencia de reconocer esa flor es real, independientemente de que además haya una flor ahí o no.

El 2 significa que la realidad física detrás de la experiencia de Dios no es una realidad externa, sino que ocurre dentro de nuestra mente.

Dios (el Dios místico, no el teológico) es la forma en que conceptualizamos estas capacidades de nuestro cerebro que no pertenecen a la zona lógica y racional, a la zona con la que tenemos habitualmente mayor contacto consciente. Estas capacidades que nos conectan con el mundo y nos dan respuestas sin que podamos describir el proceso mediante un mecanismo deductivo (aunque también tienen sus propias leyes). Y cuyas respuestas no son accesos directos a la Verdad objetiva, sino aproximaciones heurísticas orientadas a ayudarnos a elegir las acciones que nos harán vivir mejor.

Diferentes versiones de Dios (o el Ser supremo, o los Maestros Ascendidos, o como sea) son en realidad distintos modelos de lo mismo: al igual que los científicos crean modelos para ayudar a explicar los fenómenos, los humanos creamos modelos de los dioses dándole atributos humanos, o de otro tipo, para poder manejarlo mejor, algo similar aunque a otro nivel a cuando los niños pequeños dibujan ojitos y boca a la casa, la nube o el sol. Y estos modelos son mejores o peores no por ser más parecidos a la Realidad, sino por ser más útiles a la hora de hacernos más felices. Pero al fin y al cabo no son más que eso, conceptualizaciones de una realidad que es la forma en que funcionamos. Es un error tomar estos modelos como una verdad literal.

Sería fabuloso que la humanidad aceptara este punto de vista. Requiere una concesión doble. Los escépticos deberían aceptar la experiencia de Dios y darse cuenta de que tal como lo explico es algo real, útil y con mucho sentido. Y los creyentes deberían aceptar que, sin embargo, esa realidad es moldeable. Es decir, abandonar el dogma y quedarse con la experiencia. Incluso creo que se puede aplicar el método científico a la Fe: si las representaciones teológicas son modelos, éstos pueden evolucionar, pueden ir cambiando para ser cada vez más útiles a la hora de darnos felicidad, que es para mí en realidad su sentido auténtico, y para sincronizarse cada vez más con cómo realmente somos. Lo único que en este método científico no se aplicarían tanto las mediciones y las matemáticas como la introspección, la intuición y el propio sentir, que son herramientas que también pueden ser muy aplicables para la ciencia si se entienden.

COROLARIO:

Tras todo lo dicho y expuesta mi teoría por completo, paso a modo activo y propongo varias acciones que creo que es imprescindible tomar si queremos realmente cambiar el mundo por otra cosa que funcione mucho mejor.

1: Desmontar las iglesias.

La Iglesia Católica y otras muchas que hay por ahí, contienen gran cantidad de elementos interesantes. Pero la mayoría de ellas se apoyan en un pilar fundamental que dice que su doctrina es la Verdad Absoluta. El Papa es infalible, la Iglesia es única y eterna, y esas cosas. Y si ese pilar se rompe, se desmonta el edificio entero.

Desmontémoslo, pues. La verdad religiosa es subjetiva, es adaptable y su importancia reside en su utilidad para inspirar modos de vida feliz, más que en su realidad.

Hagamos a todos los estados auténticamente laicos, quitemos poder y riquezas a los papas y obispos, y liberemos a la fe de la jerarquía eclesiástica.

2: Aceptar la realidad espiritual.

La fe, la espiritualidad, la intuición, las emociones, no son estupideces. Los occidentales las hemos despreciado durante milenios. Los orientales las han cultivado pero sin un buen método científico, mezclando análisis con superstición. Ya es hora de cambiar esto. Hay que unir ambos esfuerzos. La ciencia debe entrar a estudiar estos temas con valentía y apertura, aunque sin perder el rigor que la caracteriza. De hecho, ya está ocurriendo. La serie de televisión de Eduardo Punset tiene bastantes capítulos dedicados a informarnos de esto. Éste, por ejemplo: Redes 4: La intuición no es irracional (24 min.). Y hay bastante gente por ahí iniciando estudios más o menos serios sobre funciones que hasta hace poco se consideraban del ámbito puramente espiritual y excluidas del estudio científico. Un ejemplo, éste estudio sobre la fisiología de la meditación, que aún no he leído pero promete.

3: Fundar una nueva ética.

La ética es la necesidad más importante y urgente de la Humanidad. Es lo que determinará si sobrevivimos a la siguiente generación o permitimos que nuestro poder tecnológico desquiciadamente creciente nos destruya.

El problema es que hasta ahora la ética había sido monopolizada por las iglesias. Pero opino que esto es erróneo, tal como he explicado. Es necesario buscar otros caminos para alcanzar unas reglas compartidas acerca de lo que está bien y está mal.

La fe es un buen fundamento para una ética personal. Es decir, las convicciones profundas de un individuo determinarán sus acciones, probablemente por encima de cualquier otra cosa. Pero esto no sirve para crear normas colectivas, puesto que diferentes personas pueden tener convicciones distintas.

Sin embargo, como dice Marina en Dictamen sobre Dios, el método científico, es decir, a) proponer hipótesis inspiradas en experiencias personales, utilizando también la introspección y los sentimientos, dejándose llevar por el "corazón"; b) analizar racionalmente y debatir abiertamente compartiendo experiencias; c) poner en práctica los sistemas éticos propuestos y evaluar después su resultado en cuanto a felicidad conseguida; todo esto puede llevarnos a encontrar normas que funcionen bien para todos.

Por ejemplo, la "Regla de Oro" (harás a los otros lo que quieras que los otros te hagan a ti). O los Derechos Humanos Universales. O el Anarquismo: establecer un conjunto de normas básicas que impidan que unas personas ejerzan el poder sobre otras y a partir de ahí dejar actuar libremente. Etcétera.

Estoy seguro de que aplicando este método seremos capaces de encontrar un sistema ético que funcione mucho mejor que cualquiera de los que se han probado. Y no fundado en que Dios dijo tal cosa, o en la Ley Natural, tan ambigua y esquiva; sino simplemente en que se ha debatido con calma, se ha probado y se ha visto que funciona. Si funciona, ¿para qué hace falta fundamentarlo?

El Reino de Dios, explicado.

Prosigamos. Para exponer mis conclusiones, voy a usar la vía de exponer otros dos puntos de vista que opinan sobre el mismo tema, pero con una óptica distinta.

ESCEPTICISMO (mal entendido)

He visto a muchos que se autodenominan escépticos, racionalistas o ateos, y que ante experiencias como las descritas en mi anterior post, se apresuran a emitir una ristra de insultos tales como "estupidez", "tontería", "engaño" y otros por el estilo, para a continuación lamentarse de cómo la credulidad sigue avanzando en este mundo y preguntarse cuándo nos libraremos por fin de religiones, espiritualidades y demás sandeces.

Considero que una parte de razón sí tienen, puesto que tontería hay mucha, y la credulidad puede hacernos caer en engaños y errores. Sin embargo, cuando la actitud escéptica se lleva al extremo es fácil caer en la cerrazón, y creo que muchas personas están perdiendose la oportunidad de aprender cuestiones extremadamente importantes acerca, no del Universo ni de Dios, sino de nosotros mismos. Véase la cita de Carl Sagan que incluí en este post.

CIENCIA (bien entendida)

¿Qué pasa si observamos las experiencias citadas desde un enfoque racionalista y científico? Hasta ahora, la mayoría de abordamientos de este tipo que he visto, pretenden evaluar la "realidad" no de la experiencia en sí, sino de lo percibido. Es decir: si yo, con mis ojos, "veo" una flor ahí delante de mí, puedo deducir que efectivamente, ahí hay una flor. Del mismo modo, si yo en una oración, "siento" que Jesucristo me habla, puedo intentar sostener que realmente existe un ser, más o menos inmaterial e intangible, pero con entidad propia, y que tiene el poder de comunicarse de forma "mágica" conmigo y que además tiene tanta sabiduría que conoce las respuestas a las preguntas más importantes.

Sin embargo, yo creo que este enfoque ha fracasado, a pesar de los siglos que algunos llevan intentándo demostrarlo (en los libros de Marina explica muy bien el fascinante intento de la Iglesia Católica por intentar demostrar la Fe mediante la Razón, pero sin acabar de llegar nunca a un destino sólido). Sin embargo, las experiencias espirituales siguen ocurriendo. Yo mismo las continúo sintiendo y sé que las tengo, a pesar de que me considero un escéptico. ¿Cómo enfocar esto, pues?

Yo creo que la clave está en salir de la Física y entrar en la Psicología.

El hecho de que yo vea una flor, me puede decir algo sobre la flor, pero también me puede hablar mucho sobre el propio hecho de "ver", que es algo que ocurre dentro de mi cerebro, independientemente de que además haya rayos de fotones que impacten sobre mi retina estimulando sus células perceptivas. De hecho, los neurólogos modernos han descubierto que las estructuras cerebrales que se activan cuando imaginamos ver una flor son las mismas que cuando la vemos realmente. La única diferencia es que en el primer caso no se activan los circuitos del primer nivel perceptivo.

¿Qué ocurre, pues, si analizamos las experiencias espirituales con una mente científica pero abierta y sin prejuicios, y teniendo en cuenta lo que acabo de decir? Conozco poca gente que haya dado este enfoque que propongo aquí, pero algo sí que he visto por ahí y tengo ganas de ir leyendo más sobre ello.

¿Cuáles son los hechos?

Tenemos a un grupo de personas que afirman ser capaces de comunicarse de una manera no explicada, y recibir respuestas de un emisor que no se identifica con nada material ni atraviesa los circuitos conscientes. Unos hablan de un "él" externo; otros se refieren a su propio "yo", pero expandido, como en otra dimensión o nivel; otros nos describen un "ello", un mundo material que se expresa espiritualmente. Sin embargo, en todos los casos hay la sensación de recibir mensajes sabios y que llenan de paz. ¿De donde vienen estos mensajes?

En mis escritos anteriores he elaborado la hipótesis de que nuestro cerebro contiene estructuras capaces de procesar información y generar respuestas fuera de los cauces de la razón. Estas estructuras son emocionales, sentimentales, o también las podríamos llamar espirituales. Pues lo que yo creo es que son esas estructuras, esa parte de nosotros que es tan potente y al mismo tiempo tan desconocida porque actúa en su mayor parte fuera de la consciencia, quien nos "habla".

Es decir, Dios o el Gran Espíritu está dentro de nuestra cabeza. El Ser que me habla soy yo mismo, simplemente es una parte de mi propio cerebro que no controlo conscientemente pero está ahí.