viernes, junio 09, 2006

Comecocos 2/3: el fabuloso mundo de las emociones

Prosigamos con la disertación, no sé si alguien habrá sido capaz de seguir hasta aquí... bueno, el caso es que a mí me sirve, por lo menos.

Lo siguiente que quiero hacer puede parecer una desviación del tema, pero espero que se vayan viendo los motivos aunque sea al final. Pretendo desmontar un viejo mito que tenemos implantado en nuestra cultura desde tiempos de Aristóteles (y puede que antes): ¡el de que el Ser Humano es un ser racional!.

El libro de Eduardo Punset tiene un capítulo que comienza hablando de un conocido personaje: el Señor Spock, de la serie Star Trek. En la ficción, este personaje pertenece a una etnia que, en su evolución, se había librado de la parte primitiva del cerebro, el sistema límbico, a veces llamado "cerebro reptiliano", sede principal de las emociones. Con ello, estos seres carecían de emocionalidad y pasión, y se guiaban únicamente por su racionalidad. La mentalidad de la época en que se escribió la serie consideraba que esto les daría una inteligencia superior.

Los científicos de hoy día tienen otra opinión. Recordemos que la razón necesita dos ingredientes para funcionar: datos y tiempo. Pero estos dos ingredientes casi nunca se dan. O bien faltan datos cruciales, o bien la complejidad del análisis de las combinaciones posibles de la información disponible resulta casi infinta. Un ser puramente racional no sería más inteligente, sino menos. ¡Estaría la mayor parte del tiempo inmóvil y confuso, incapaz de tomar ninguna decisión!

No soy muy trekkie (pertenezco a otra variedad del frikismo), pero tengo entendido que en los capítulos más nuevos de la serie, los vulcanianos ya no carecen de emociones, sino que son capaces de ejercer un férreo control sobre ellas, al estilo de los samuráis japoneses...

Llevo ya tiempo estudiando el asunto de las emociones humanas. Aparte de varios cursos de inteligencia emocional y otras cosas, he leído varios libros sobre el tema, por ejemplo El laberinto sentimental de Marina, Cerebro y emociones: el ordenador personal de José Antonio Jáuregui y el mismo El viaje a la felicidad de Eduardo Punset.

Mi forma de resumir el tema es la siguiente: las emociones son un mecanismo de evaluación instantánea. El sistema emocional del cerebro es capaz de examinar un amplio conjunto de datos y emitir una respuesta rápidamente. Una respuesta, además, que no es informativa, sino activa, es decir, orientada a realizar una acción. Pero, ¿una respuesta correcta? Ah... ese es el quid de la cuestión.

Desde hace miles de años, los occidentales creemos que las emociones son absurdas, irracionales e imposibles de comprender. Ya dice el refrán aquello de "el corazón tiene razones que la razón no entiende". Pues bien, el corazón (es decir, la facultad emocional que reside en el cerebro pero es más fácil de sentir en el pecho y en las tripas) es en efecto irracional, en tanto que no sigue las reglas de la razón. Pero sí que tiene sus propias reglas, que pueden ser comprendidas sin mayor problema. De hecho, muchas de ellas se conocen ya desde hace décadas, lo que pasa es que no terminan de trascender al gran público. ¿Por qué? Simplemente, porque lo que se conoce se puede controlar, y los que saben de esto han descubierto que se consigue más dinero y poder usándolo para controlar a los demás que divulgándolo. Así, los que más han estudiado este tema son los investigadores del márketing. Los profesionales de la comunicación son capaces de hablar el lenguaje emocional, y enviar mensajes claros y contundentes a nuestro cerebro reptiliano, para convencernos de que cuando tenemos sed y necesitamos una bebida refrescante, lo que tenemos que pedir es... por supuesto, ¡coca cola!

También lo usan los medios de comunicación cuando hablan de política, para convencernos, por ejemplo, de que las guerras y grandes catástrofes son inevitables; que elegir cada cuatro años entre dos candidatos previamente construidos es democracia; que el capitalismo multinacional es el único sistema económico posible; que la "cuestión nacional" (es decir, si manda más el que está sentado en el sillón de Madrid o el de Bilbao, o ver quién recoge primero los impuestos) es más importante que el hecho de que millones de personas estén esclavizadas a una hipoteca; que los árabes son todos fanáticos terroristas...

En fin, centrémonos, ya hablaré de esto en otra ocasión. El caso es que como la mayoría de la gente sigue sin saber cómo funcionan las emociones, siguen creyendo que la razón nos libra de ser convencidos de las tonterías que dicen los anuncios. Y ahí estamos, metidos en el consumismo hasta las cejas.

Volviendo al tema, dije antes que las emociones son un mecanismo evaluador, sintetizador. El que mejor lo explica es el libro de Marina: el cerebro recibe una serie de estímulos, de información procedente del exterior y también de la propia memoria. La procesa, y emite un resultado en forma de emoción. Y este proceso es eminentemente práctico, la emoción es lo que nos mueve a actuar. Si sentimos placer, tendemos a procurar mantener la situación actual; si rabia, a atacar; si miedo, a salir corriendo o protegernos... Y luego, esta acción es realimentada al principio. Si las consecuencias de este proceso son positivas, las conexiones neuronales que produjeron esta evaluación son reforzadas. Si no, se debilitan y se crean otras nuevas.

Es decir, es una especie de "método científico" automático, que ocurre en nuestro cerebro desde que nacemos. Es más, también ocurre a nivel de especie, algunas de estas conexiones se transmiten de padres a hijos en forma de lo que llamamos instinto. Y este proceso está gobernado también por reglas simples y claras. Al igual que en la lógica está el silogismo, la inducción, el modus ponens..., en el mundo emocional también hay reglas de inferencia. Por ejemplo, si dos estímulos se presentan siempre conjuntamente, acabará habiendo una relación emocional entre ambos, y cualquiera de los dos podrá producir la respuesta asociada al otro (como dijo Skinner). O un mismo estímulo aplicado muchas veces produce una respuesta más poderosa (aquello de que "la mentira por más que se repita sigue siendo mentira" es falso, al menos en el mundo emocional). Y muchas más, que todavía estamos en proceso de explorar...

El proceso de conocimiento, pues, tiene dos canales: uno lento y preciso, racional, y otro rápido y oscuro, emocional. La cualidad más llamativa de éste último es que en su mayor parte está ausente del mecanismo consciente. ¡La consciencia no sabe que está ocurriendo! Y por el mismo motivo, también es difícilmente controlable por la voluntad. Parece ser que los neurobiólogos han visto muchos más circuitos desde el sistema límbico al córtex, donde están las facultades intelectuales, que al revés.

Ambos procesos funcionan de forma bastante independientes, pero no son antagónicos, sino complementarios. El ignorar o despreciar uno de ellos, a lo único que conduce es a una falta de comprensión de nuestras motivaciones reales, a los desarreglos emocionales que son tan comunes hoy día, y a ser presa fácil de los manipuladores que siempre han existido, y antes actuaban de forma más o menos intuitiva, pero hoy día lo hacen sistemáticamente y con grandes medios...

Hasta aquí por ahora. Quizá el lector se haya dado cuenta ya de por dónde voy a tirar ahora... pero eso será en la tercera parte.