miércoles, julio 05, 2006

(Paréntesis con libro)

Tengo aquí en la punta de los dedos la última parte del comecocos sobre la fe y la razón. Lamentablemente, mis aventuras laborales me tienen tan absorbido que no me queda espacio para prácticamente nada más, así que habrá que esperar.

Eso sí, en algún huequecito que me queda me estoy leyendo un libro de Marina titulado nada menos que "Por qué soy cristiano". De entrada agradezco a Eleder por haberme dirigido hacia él. Y resulta que este librito, no muy largo pero sí potente, trata exactamente de los temas de los que hablo aquí. Y por Marina, ¡¡mi puto jefe!! Y dice que es cristiano, y al parecer resulta muy convincente... A ver si va a conseguir este hombre lo que no consiguió Chesterton.

Aunque me da a mí que lo que Marina entiende por ser cristiano no es exactamente lo que se suele entender como tal...

Ya veremos. Seguro que Eleder sabe la respuesta, pero ¡no me la digas! Déjame que me termine el librito y hablamos.

viernes, junio 09, 2006

Comecocos 2/3: el fabuloso mundo de las emociones

Prosigamos con la disertación, no sé si alguien habrá sido capaz de seguir hasta aquí... bueno, el caso es que a mí me sirve, por lo menos.

Lo siguiente que quiero hacer puede parecer una desviación del tema, pero espero que se vayan viendo los motivos aunque sea al final. Pretendo desmontar un viejo mito que tenemos implantado en nuestra cultura desde tiempos de Aristóteles (y puede que antes): ¡el de que el Ser Humano es un ser racional!.

El libro de Eduardo Punset tiene un capítulo que comienza hablando de un conocido personaje: el Señor Spock, de la serie Star Trek. En la ficción, este personaje pertenece a una etnia que, en su evolución, se había librado de la parte primitiva del cerebro, el sistema límbico, a veces llamado "cerebro reptiliano", sede principal de las emociones. Con ello, estos seres carecían de emocionalidad y pasión, y se guiaban únicamente por su racionalidad. La mentalidad de la época en que se escribió la serie consideraba que esto les daría una inteligencia superior.

Los científicos de hoy día tienen otra opinión. Recordemos que la razón necesita dos ingredientes para funcionar: datos y tiempo. Pero estos dos ingredientes casi nunca se dan. O bien faltan datos cruciales, o bien la complejidad del análisis de las combinaciones posibles de la información disponible resulta casi infinta. Un ser puramente racional no sería más inteligente, sino menos. ¡Estaría la mayor parte del tiempo inmóvil y confuso, incapaz de tomar ninguna decisión!

No soy muy trekkie (pertenezco a otra variedad del frikismo), pero tengo entendido que en los capítulos más nuevos de la serie, los vulcanianos ya no carecen de emociones, sino que son capaces de ejercer un férreo control sobre ellas, al estilo de los samuráis japoneses...

Llevo ya tiempo estudiando el asunto de las emociones humanas. Aparte de varios cursos de inteligencia emocional y otras cosas, he leído varios libros sobre el tema, por ejemplo El laberinto sentimental de Marina, Cerebro y emociones: el ordenador personal de José Antonio Jáuregui y el mismo El viaje a la felicidad de Eduardo Punset.

Mi forma de resumir el tema es la siguiente: las emociones son un mecanismo de evaluación instantánea. El sistema emocional del cerebro es capaz de examinar un amplio conjunto de datos y emitir una respuesta rápidamente. Una respuesta, además, que no es informativa, sino activa, es decir, orientada a realizar una acción. Pero, ¿una respuesta correcta? Ah... ese es el quid de la cuestión.

Desde hace miles de años, los occidentales creemos que las emociones son absurdas, irracionales e imposibles de comprender. Ya dice el refrán aquello de "el corazón tiene razones que la razón no entiende". Pues bien, el corazón (es decir, la facultad emocional que reside en el cerebro pero es más fácil de sentir en el pecho y en las tripas) es en efecto irracional, en tanto que no sigue las reglas de la razón. Pero sí que tiene sus propias reglas, que pueden ser comprendidas sin mayor problema. De hecho, muchas de ellas se conocen ya desde hace décadas, lo que pasa es que no terminan de trascender al gran público. ¿Por qué? Simplemente, porque lo que se conoce se puede controlar, y los que saben de esto han descubierto que se consigue más dinero y poder usándolo para controlar a los demás que divulgándolo. Así, los que más han estudiado este tema son los investigadores del márketing. Los profesionales de la comunicación son capaces de hablar el lenguaje emocional, y enviar mensajes claros y contundentes a nuestro cerebro reptiliano, para convencernos de que cuando tenemos sed y necesitamos una bebida refrescante, lo que tenemos que pedir es... por supuesto, ¡coca cola!

También lo usan los medios de comunicación cuando hablan de política, para convencernos, por ejemplo, de que las guerras y grandes catástrofes son inevitables; que elegir cada cuatro años entre dos candidatos previamente construidos es democracia; que el capitalismo multinacional es el único sistema económico posible; que la "cuestión nacional" (es decir, si manda más el que está sentado en el sillón de Madrid o el de Bilbao, o ver quién recoge primero los impuestos) es más importante que el hecho de que millones de personas estén esclavizadas a una hipoteca; que los árabes son todos fanáticos terroristas...

En fin, centrémonos, ya hablaré de esto en otra ocasión. El caso es que como la mayoría de la gente sigue sin saber cómo funcionan las emociones, siguen creyendo que la razón nos libra de ser convencidos de las tonterías que dicen los anuncios. Y ahí estamos, metidos en el consumismo hasta las cejas.

Volviendo al tema, dije antes que las emociones son un mecanismo evaluador, sintetizador. El que mejor lo explica es el libro de Marina: el cerebro recibe una serie de estímulos, de información procedente del exterior y también de la propia memoria. La procesa, y emite un resultado en forma de emoción. Y este proceso es eminentemente práctico, la emoción es lo que nos mueve a actuar. Si sentimos placer, tendemos a procurar mantener la situación actual; si rabia, a atacar; si miedo, a salir corriendo o protegernos... Y luego, esta acción es realimentada al principio. Si las consecuencias de este proceso son positivas, las conexiones neuronales que produjeron esta evaluación son reforzadas. Si no, se debilitan y se crean otras nuevas.

Es decir, es una especie de "método científico" automático, que ocurre en nuestro cerebro desde que nacemos. Es más, también ocurre a nivel de especie, algunas de estas conexiones se transmiten de padres a hijos en forma de lo que llamamos instinto. Y este proceso está gobernado también por reglas simples y claras. Al igual que en la lógica está el silogismo, la inducción, el modus ponens..., en el mundo emocional también hay reglas de inferencia. Por ejemplo, si dos estímulos se presentan siempre conjuntamente, acabará habiendo una relación emocional entre ambos, y cualquiera de los dos podrá producir la respuesta asociada al otro (como dijo Skinner). O un mismo estímulo aplicado muchas veces produce una respuesta más poderosa (aquello de que "la mentira por más que se repita sigue siendo mentira" es falso, al menos en el mundo emocional). Y muchas más, que todavía estamos en proceso de explorar...

El proceso de conocimiento, pues, tiene dos canales: uno lento y preciso, racional, y otro rápido y oscuro, emocional. La cualidad más llamativa de éste último es que en su mayor parte está ausente del mecanismo consciente. ¡La consciencia no sabe que está ocurriendo! Y por el mismo motivo, también es difícilmente controlable por la voluntad. Parece ser que los neurobiólogos han visto muchos más circuitos desde el sistema límbico al córtex, donde están las facultades intelectuales, que al revés.

Ambos procesos funcionan de forma bastante independientes, pero no son antagónicos, sino complementarios. El ignorar o despreciar uno de ellos, a lo único que conduce es a una falta de comprensión de nuestras motivaciones reales, a los desarreglos emocionales que son tan comunes hoy día, y a ser presa fácil de los manipuladores que siempre han existido, y antes actuaban de forma más o menos intuitiva, pero hoy día lo hacen sistemáticamente y con grandes medios...

Hasta aquí por ahora. Quizá el lector se haya dado cuenta ya de por dónde voy a tirar ahora... pero eso será en la tercera parte.

miércoles, abril 19, 2006

Comecocos 1/3: la razón, potencia y límites

Aquí está por fin mi tesis / elucubración / comida de coco / paja mental. Hacía tiempo que me pesaba en la cabeza (y ya veréis hasta qué punto), y tenía ganas de soltarla. La partiré en tres trozos; el primero hablará de cosas más o menos sabidas. En el segundo contaré algunas cosas que se han ido descubriendo recientemente, según he leído. Y en el tercero ya me lanzaré a la piscina y a hacer conclusiones alegremente, a ver qué pasa. Vamos allá.

En el enfrentamiento clásico entre creyentes y racionalistas, se habla a menudo de la "razón" como un bloque. Pero yo entiendo que normalmente, al hacerlo se están refiriendo a un conjunto de tres cosas: el razonamiento lógico, la observación empírica y el método científico. También se meten a veces en el saco otras cosas, como la tradición y los grupos de autoridad, que se dan en la comunidad científica igual que en cualquier otra comunidad, pero en este momento me interesan menos. Me gustaría hacer un repaso a esos tres puntos que he dicho. Lo que voy a contar supongo que será ya sabido por los que me leéis, pero no viene mal echar una mirada crítica de vez en cuando sobre lo que uno ya conoce, para aclarar conceptos y quizá descubrir algún matiz nuevo.

El razonamiento lógico es una técnica que permite extraer conocimiento válido a partir de otro conocimiento anterior (lo que se denomina deducción). Hay unos procedimientos, y unas reglas que permiten distinguir una deducción correcta de una falacia.

La observación empírica es en cierto modo lo opuesto a lo anterior. Mientras que el razonamiento opera exclusivamente en la mente, la observación pretende conectar directamente con la realidad, utilizando las herramientas de que disponemos para ello: los sentidos. Así, el conocimiento lo obtenemos mirando, tocando, midiendo, y usando medios que amplifiquen nuestra percepción como lentes, sensores, aparatos de medida, etc.

Y el método científico es en cierto modo la unión de ambas cosas. Esquematizando al máximo, el método consiste en a) registrar observaciones; b) elaborar hipótesis a partir de las observaciones y desarrollarlas razonadamente; c) comprobar las predicciones de las hipótesis, viendo si coinciden con las observaciones. Y si es posible, repetir la comprobación cuanto más personas distintas mejor.

El conjunto forma una herramienta de formidable potencia, responsable entre otras cosas del crecimiento científico-técnico occidental. ¿En qué reside su potencia? En mi opinión, son tres los pilares:

- La observación empírica tiene un alto grado de consistencia, tanto interna (una persona, normalmente, verá lo mismo si mira al mismo sitio) como compartida (varias personas suelen ver lo mismo si miran al mismo sitio).

- El razonamiento lógico es perfecto en su terreno: suponiendo que las premisas sean correctas, si una deducción está bien hecha es difícilmente rechazable.

- El método lo que hace es "ponerle pies" al razonamiento, buscarle esas premisas "verdaderas" que necesita para producir otras verdades.

¿Hasta dónde puede llegar este equipo, entonces? Muy lejos, aunque no hasta el infinito. No todas las preguntas tienen respuesta por aquí. ¿Cuáles son sus límites?

La lógica, como ya he dicho, necesita de axiomas verdaderos; si no los tiene, es capaz de crear hermosos castillos en el aire, con gran coherencia interna pero ubicados en el mundo de la fantasía (como ocurre con la obra de Tolkien :). Además, incluso teniéndolos, desde que se formuló el Teorema de Gödel, se sabe que no todas las verdades pueden ser demostradas matemáticamente.

Y en cuanto a la percepción como forma de conectar con la realidad, cuanto más cosas se descubren menos claro parece que nuestros propios ojos no nos estén engañando. Por un lado, nuestros sentidos sólo captan una parte de la realidad, y además la percepción es siempre interpretada: los estímulos se combinan con los esquemas que tenemos aprendidos, modificando el resultado. Nuestra memoria tampoco es de fiar, es relativamente fácil producir recuerdos falsos o alterados en una persona. El libro de Carl Sagan "El mundo y sus demonios" muestra casos de abducciones extraterrestres y otros similares, que no fueron alucinaciones ni fraudes, sino que las personas recordaban perfectamente algo que no había sucedido. Y por otro lado, nuestros sentidos no se limitan a los cinco clásicos, hay bastantes más ya estudiados, y puede que haya otros aún por descubrir.

El método científico procura afrontar estos problemas buscando experiencias compartidas. La clave es que si algo es percibido igual por muchas personas, es más probable que sea verdadero y no una distorsión o error. Pero esto tampoco es un argumento absoluto. En otras palabras, el método no descubre verdades objetivas, sino, como dice Marina, "intersubjetivas". Y se supone también que el avance de los medios de observación y del total de lo conocido, van mejorando la calidad de lo conocido en cuanto a más absoluto.

Y aún así, sigue habiendo un problema importante. La razón, tal como está aquí descrita, necesita dos ingredientes fundamentales: datos y tiempo para procesarlos. Cosas de las que no siempre se dispone. El resultado de todo esto es que hay veces en que la razón no puede responder. Se limita a decir "no sé, me faltan cosas". Pero en ocasiones es necesario tener una respuesta.

Hasta aquí por ahora, en el próximo hablaré de qué hace un ser humano para afrontar esta situación. Un saludo a todo aquel capaz de haber seguido leyendo hasta este punto, si es que hay alguien ;)

miércoles, marzo 08, 2006

Avanzando

Esto era originalmente una respuesta a un post del mensaje anterior, pero me ha crecido y lo pongo como texto completo.

Amigo Declan: creo que hemos llegado a un punto de consenso, algo en que pueden estar de acuerdo ateos, agnósticos, escépticos y creyentes inteligentes y no fanáticos (me refiero a todos ellos): que el ser humano es capaz de crear mitos proyectando su propia imagen y poder creador en algo superior.

Donde puede haber discrepancia es en si hay algo más detrás de los mitos, o más bien si algunos de esos mitos pueden, de forma ajena a la razón y a la observación empírica, acceder a elementos reales más allá de nuestra naturaleza, o bien si son puras fantasías.

Y en cuanto al Dios cristiano, en mi opinión sí hay una diferencia importante con otras religiones más primitivas, pero no me parece que sea tan fundamental. Lo que ha hecho el Cristianismo es elevar un escalón en nuestra percepción de la naturaleza y del ser humano, lo cual demuestra una mayor madurez. Pero si te fijas, aunque ya no tenga forma de viejecito barbudo subido en una nube, sigue siendo un ser equipado con atributos humanos: amor, compasión, voluntad, alegría, furia, justicia...

Me parece estupendo, creo que ese es el camino, pero no me parece que sea la verdad última. Yo estoy sintiendo que ya es tiempo de avanzar a la siguiente etapa, dar un nuevo giro copernicano a la imagen de Dios, y, como hace la Ciencia, desmontar toda una teoría aunque lleve siglos existiendo, para montar una nueva más acorde con nuestra experiencia de la realidad. Y desplazar otro punto más al Ser Humano del centro del Universo, por duro que resulte.

Me estoy refiriendo a que creo que Dios, la razón última, el origen primordial, el sentido del universo, como lo queramos llamar, no tiene nada que ver con un ser humano. Algo capaz de otorgar existencia a una galaxia, o de destruir millones de soles en un choque cósmico, no tiene por qué saber qué es el amor. Somos nosotros los que creamos todo eso, las emociones, la ética, la razón, la imaginación, y es en este pequeño mundo que hemos creado donde vivimos. El auténtico es inimaginablemente mayor, y, al igual que cuando los antiguos descubrieron que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol, nos produce angustia, nos sentimos desamparados, pequeños y poco importantes. Pero no hace falta caer en el horror Lovecraftiano. Las religiones orientales, por ejemplo, nos dan ejemplos de formas de sentirnos arropados y consolados sin necesidad de creer en un Padre que nos cuida como si fueramos niños. Al contrario, creo que ahora somos capaces de crecer, convertirnos en adultos y asumir nuestra propia naturaleza fuerte, y débil a la vez, pero con recursos para sobrevivir y seguir siendo cada vez más nosotros mismos, como demostró en persona el añorado Carl Sagan, hasta el último minuto de su vida.

Jesús Mosterín y Steven Pinker

Me he encontrado con esta noticia en Barrapunto:

La apuesta por el individuo

y me ha resultado de lo más interesante. No conocía a Jesús Mosterín, pero creo que voy a añadirlo a mi lista de autores favoritos, y pienso leer todo lo que pueda, aunque con calma, que ya dije que voy despacito con esto del blog y mis teorías. También procuraré buscar algo de Steven Pinker, ya que parece que Mosterín se dedica a divulgar sus textos en español. Por lo que estoy viendo en las reseñas, estos autores forman parte de una corriente científica de lo más actual, que estoy descubriendo y me fascina, da la vuelta a muchos dogmas obsoletos y proporciona unas claves realmente novedosas para entender al ser humano y crear una humanidad realmente más feliz.

Seguiremos informando.

martes, febrero 21, 2006

Existencia

Volviendo a la línea argumental principal de este blog, voy a seguir hablando de una de las cuestiones que más neuronas me han hecho ir fundiendo desde hace una buena temporada: la fe, la razón, las formas que tenemos los seres humanos de acceder a la realidad.

Es un buen momento ahora para preguntarse algo fundamental: ¿qué se entiende por realidad? Lo que existe de verdad. Pero entonces, ¿qué es existir? Creo muy pertinente al respecto un texto que escribí hace poco en otro sitio, y voy a copiar aquí tal cual, puesto que creo que encaja muy bien en la argumentación que estoy desarrollando. Surge a raíz de un debate en el que participé, donde se hablaba de varias cuestiones de lo más interesante (y de paso añado un enlace más a la derecha, que el texto me lo ha recordado). Aquí está:

Hay uno de los asuntos tratados que me ha dado que pensar: el materialismo. Eleder y Pablo Ginés lo definen (si lo he entendido bien) como una doctrina que, más o menos, viene a decir que lo único que existe en verdad es aquello que tiene realidad física; todo aquello que puede ser observado y medido. Lo demás no tiene existencia real. El amor no es más que reacciones químicas; Dios es simplemente una invención humana; el alma no existe; una idea no tiene existencia más allá de los impulsos eléctricos que recorren el cerebro o la vibración del aire que transporta las palabras que la expresan.

A mí esta postura me resulta, en principio, un tanto limitada o limitante, y me parece que el materialismo no es eso en realidad, pero mi nivel de erudición no llega muy lejos en cuanto a teorías y escuelas. Así que no hablaré de nombres ni doctrinas. Quisiera centrarme en un tema concreto: creo que existe algo más que la pura realidad material.

Pero esto es algo que hay que matizar mil y una veces. Si uno decide aventurarse fuera del territorio sólido, debe ir no ya con pies de plomo, sino de platino reforzado, ya que más allá de la frontera de lo material, el terreno es tan resbaladizo que lo más fácil es dar un buen patinazo. Creo que lo más inteligente es empezar a preguntarse cosas sin dar nada por asumido, como un niño ingenuo que pregunta por qué, y ver a dónde nos lleva el hilo. Si patino, espero que alguno de los que me leéis me ayude a levantarme y seguir tirando. Vamos allá...

Los humanos manejamos muchos conceptos inmateriales, pero ¿existen más allá de los componentes físicos que los soportan? ¿Cómo podrían hacerlo?

A mí a veces me resulta útil acudir a la informática para resolver cuestiones filosóficas. Y no estoy siendo frívolo, lo digo muy en serio... Por ejemplo, el concepto de "software" nos puede dar pistas para acercarnos a este misterio. ¿Qué es un "programa de ordenador"? En principio es una serie de instrucciones que le explican al ordenador cómo realizar un trabajo. Pero esas instrucciones están codificadas en números binarios y guardadas en algún tipo de soporte físico: pueden ser particulas metálicas magnetizadas en un sentido u otro, sobre la superficie de un disco. O, dentro de un chip de memoria, transistores saturados o no saturados. O bien agujeros en la superficie reflectante de un CD. Realmente son entidades físicas muy dispares, y sin embargo, en todos los casos hablamos de un mismo programa. El usuario maneja un archivo, una lista de palabras y símbolos, que no cambia de un soporte a otro, y habitualmente lo maneja como tal sin preocuparse de su forma de almacenamiento. Lo mismo puede decirse de una foto, un fichero de sonido o de datos, y creo que no es difícil extraer de aquí una metáfora aplicable al asunto que me traigo entre manos.

Pero ¿qué nos puede decir esa metáfora?

Dándole unas cuantas vueltas en la batidora que llevo sobre los hombros, se me ocurren un par de afirmaciones importantes:

1) El tipo de conceptos de los que hablo NO tienen una existencia del mismo rango que los elementos materiales, puesto que los primeros sólo existen en la mente de un ser humano, mientras que de estos últimos se puede decir que tienen existencia objetiva, es decir, independiente de cualquier observador. Aunque, de forma muy sorprendente, hago notar que para hacer esta afirmación es necesario un cierto acto de fe, puesto que no es una proposición demostrable. No hay forma (conocida) de falsarla ni de deducirla o demostrarla. De hecho, hay gente que la niega, los hindúes por ejemplo, con su "Maya" (tan bien simbolizado en la película "Matrix"), o el solipsismo de diferentes tipos, individual o colectivo. Pero incluso suponiendo que todo fuera irreal, creo que seguiría siendo útil diferenciar el nivel de "irrealidad" de la materia y las ideas.

Esto me parece digno de ser recalcado: ¡podemos trabajar con este enfoque sin necesidad de responder a la cuestión de si lo percibido tiene existencia objetiva o no! Porque la respuesta sería irrelevante: ambas posibilidades nos llevan al mismo punto. No hay ninguna diferencia efectiva para nosotros, ya que de cualquier modo no podríamos acceder a esa realidad objetiva, por la limitación de nuestros sentidos y nuestra razón. Curioso, muy curioso...

2) Los conceptos, sin embargo, SÍ existen, de su particular modo. La mente humana puede manejar entidades abstractas por sí mismas, trabajarlas, moverlas, transformarlas como si fueran entes físicos, incluso comunicarlas de una mente a otra, y éstas pueden hasta sobrevivir a la muerte de la persona que las introdujo. Pero esa existencia está confinada a la esfera humana, dejan automáticamente de tener sentido en ausencia de un observador. Una cucaracha andando sobre un disco duro jamás percibirá otra cosa que plástico y partículas metálicas.

Lo cual me lleva a una conclusión fascinante: ¡el ser humano está dotado de capacidad creadora! ¡Somos capaces de otorgar existencia a algo que no tendría sentido sin nosotros! Es lo que Tolkien llamaba la "subcreación": nosotros surgimos de una realidad externa, y otra realidad secundaria surge de nosotros. O, como dice Marina, el Hombre es un ser creador de significados, creador de proyectos. Yo alucino, chicos; no olvidemos que ahora soy un niño pequeñito que pregunta, y ya sabemos cómo se quedan fascinados los niños cuando descubren algo nuevo y maravilloso. ¡Mola, jeje!

El entusiasmo me lleva a buscar unos cuantos corolarios, a cual más sugerente:

Cuando las gentes han imaginado a Dios, quizá en realidad lo que han hecho es observarse a sí mismos, y extrapolar hacia atrás, pensar en un ser que nos da existencia del mismo modo que nosotros la damos a nuestros sueños. ¿Alguien ha oído esa frase que dice "el Hombre creó a Dios a su imagen y semejanza"?

La subcreación también tiene niveles. No todo lo que emana de nosotros tiene el mismo rango de existencia. Algunas creaciones son muy fuertes: por ejemplo, el conjunto de conocimientos y leyes físicas, las descripciones del mundo dadas por la Ciencia, aquello que esta gente tan interesante llama el "Árbol de la Realidad". Cualquier verdadero científico sabe que esto no es LA realidad, sino, ni más ni menos, lo más cerca de la misma que somos capaces de alcanzar en un momento histórico dado.

Casi al mismo rango se sitúa otra impresionante creación del ser humano: la Religión. El Mito asumido como Verdad. Bueno, de hecho los creyentes la sitúan en un rango por encima de la que he dicho arriba. Los ateos, en cambio, la colocan por debajo. ¿Quién tendrá razón? El mejor enfrentamiento con esta pregunta que he leído, está en este libro. También hay unas cuantas claves fundamentales en este otro libro, que todo ser humano debería leer.

Claramente situado en otro nivel se sitúan las creaciones prácticas, aquellas que, aún siendo conscientes de que son invención nuestra, nos resultan útiles para desarrollar nuestra vida: la cultura, las convenciones sociales, las instituciones, los sistemas éticos, las organizaciones, y también los lenguajes, sistemas de comunicación, estructuras de todo tipo, los proyectos que constituyen nuestra libertad o autonomía como seres humanos, y los programas de ordenador que mencionaba antes. Sabemos que no son entidades reales, pero las manejamos tranquilamente como si lo fueran, algunos incluso se confunden a veces, de forma provocada en el caso de las mentiras deliberadas.

Más ejemplos: el ser humano es el único animal que, sobre una estructura biológica tan concreta como es el sexo, ha creado esa increíble red de significados, afectos y mogollones varios que es la sexualidad (por cierto, ¿se nota que soy fan de Marina?).

Y en el nivel inferior se halla lo que la gente habitualmente se refiere cuando habla de creación humana: por decirlo brevemente, el Arte. O la fantasía, los sueños, todo aquello sin ninguna pretensión de realidad, creado por el propio placer de crear, o para satisfacer el ansia de exploración de los seres humanos, o para crear hipótesis e intentar verificarlas luego, o como ilustración para contar algo sobre la realidad, creando historias con aplicabilidad, o por tantos otros motivos.

Pero incluso a este nivel, hay a veces invenciones que parece que intentan salirse de su plano e invadir la realidad. Como ejemplos muy cercanos, observemos la cantidad de gente que se mueve por el mundillo de Star Wars, que conocen y cuentan historias de esa galaxia imaginaria, que se visten y hablan como sus personajes, que dicen profesar la religión de la Fuerza. O, ¡por supuesto!, la Tierra Media, en la que algunos habitamos desde hace tiempo con casi tanta intensidad como en el "mundo primario" (y alguna vez parece que uno ama incluso más aquellas lejanas tierras que éstas de por aquí).

Y es que la invención humana es muy poderosa, cuando se da con pasión. ¿De verdad, de verdad de la buena, se puede decir que la Universidad Autónoma de Númenor no existe?

viernes, febrero 17, 2006

Enlazando

Me ha dado un puntazo y he empezado a rellenar la zona de enlaces de la derecha. He puesto blogs, sitios de Internet y libros.

La verdad, no pienso seguir un criterio claro. Más bien ir poniendo los que me vaya sugiriendo la inspiración. Probablemente será una mezcla extraña, pero espero que a medida que vaya escribiendo y poniendo en limpio mis ideas, la combinación cobre sentido y se produzca la alquimia, la transmutación en elementos nuevos e insospechados.

Por ejemplo. ¿Qué pinta Jodorowsky, un tarotista, cabalista y mago (además de escritor, guionista de cómic, creador de teatro y dos mil trescientas cosas más), justo detrás de la SAPC y el mismísimo kit de detección de fraudes de Carl Sagan?

Pues tiene sentido, tiene. Sobre todo tiene mucho que ver con el tema de mi blog. La relación entre ciencia, fe, escepticismo y superstición.

Os pongo aquí un par de respuestas a una entrevista suya, para ir abriendo boca:
G. XXI: Volviendo a la psicomagia... ¿Se considera un adepto?
A.J.: No exactamente. He investigado y leído de todo: Tarot, Cábala hebrea, religiosa y espiritual. Me gustó mucho Castañeda, le considero un gran innovador, pero no me gustan sus brujitas... Estuve de asistente de una bruja mexicana, a la que llamo Cachita en mis libros, que hacía cosas increí-bles: operaciones a corazón abierto, cambiar órganos de un cuerpo a otro... Me pagué una expedición al interior de Chile para conocer a las machis, las brujas mapuches. Tomé la ayahuasca. Son situaciones arriesgadas, porque estás en medios muy populares, donde te pueden robar y degollarte por nada... Pero siempre lo hice todo con cierto escepticismo, con una postura de interés, aprovechando los conocimientos, pero sin ser seguidor o adepto de nadie.
G. XXI: Una última reflexión... ¿por qué cree que sistemas tan aparentemente distintos como el psicoanálisis, que es básicamente materialista, y el esoterismo, la alquimia, el chamanismo, acaban por coincidir en muchas cosas?
A.J.: Es el misterio del hombre. Por eso te llevan a lo mismo. Es el hombre: lo coges por el psiconálisis, por la magia, por la Cábala y siempre llegas al mismo punto: al hombre, a su misterio. Todavía nos queda mucho por conocer del propio hombre, sigue siendo un misterio y lo seguirá siendo, probablemente. Yo me interesé por todos estos conocimientos por culpa de mi padre... Era tan materialista que me llevó en sentido opuesto. Un día, cuando tenía menos de veinte años, de borrachera con mis amigos poetas chilenos, me di cuenta de que iba a morir. Fue como un rayo. Cuesta mucho aceptar la propia desaparición. Sales un poco a la cresta de la ola y luego, se acabó, vuelves al océano. Yo busqué aspirinas intelectuales. El budismo, Gurdjeff... La vida es un sueño, pero puede ser una pesadilla o un sueño agradable. Es nuestro trabajo conseguir que sea un buen sueño.

Otra gran influencia es, por supuesto, José Antonio Marina. Aquí va también algún que otro comentario interesante:

En este momento creo que se puede ser religioso inteligentemente y también estúpidamente. Es inteligente acceder a la religión desde la ética, no desde la credulidad. Por ello para que sean aceptables las religiones, deben recuperar su pureza inicial y convertirse en religiones éticas que se preocupen más por divinizar lo real que evadirse "divinamente" de ello. Yo creo que el ser capaz de "pensar" la idea de Dios huyendo de simplezas, amplía la naturaleza humana.


La violencia es el último recurso del incompetente

Voy a copiar aquí este comentario que puse en el blog de Eleder. Me gusta como quedó, a mí me parece casi definitivo, y a los otros comentaristas también se lo pareció. Ayer, sin embargo, estuve chateando con una mujer encantadora, que parece que no estaba tan de acuerdo, incluso se mostró interesada por el jainismo, una filosofía en la que no creo. Es muy bonito, para un universo diferente, ideal. Pero el nuestro yo pienso que no funciona así. En fin, más tema para seguir charlando horas y horas.

Aquí va el comentario:

Recuerdo un debate en un foro pacifista, en el que fui masacrado dialécticamente por proponer la siguiente idea: que la más atinada evaluación de la cuestión de la violencia es la famosa frase de Salvor Hardin (personaje de la serie de novelas Fundación, de Isaac Asimov):

- "La violencia es el último recurso del incompetente"

Las críticas se basaban en que, así enunciada, se considera la violencia un recurso, aunque sea último, dando pie a la existencia posible de una violencia justa, cosa que los pacifistas extremos no podían aceptar. No estoy en absoluto de acuerdo con ellos, y me ratifico. El argumento "ninguna violencia es aceptable", como todas las proposiciones "para todo x P(x)" se invalida presentando un único contraejemplo. Y en cualquier universo distinto del ideal platónico es fácil encontrar algún caso en el que la violencia sea la única respuesta aceptable (tipo "psicópata intenta violar y matar a tu hija, en medio del desierto, y no tienes fuerza o habilidad suficiente para reducirlo sin matarlo con tu pistola"). Este argumento, pues, es el que permite a los defensores de la violencia, una vez neutralizado, sentirse libres para justificar cualquier agresión que les parezca.

El otro argumento, en cambio, funciona de la siguiente manera:

- La violencia, es efectivamente, un recurso susceptible de ser empleado para un fin (asumimos que justo)
- Cualquier otro recurso disponible que consiga ese mismo fin es éticamente preferible
- Luego la violencia es éticamente aceptable sólo si no existe otra vía
- El llegar a esa situación siempre se debe considerar un fracaso de nuestras capacidades. Jamás se debe vivir como un triunfo o celebrarse. Los responsables de haber llegado a esa situación deben asumir, no su "pecado", ya que han realizado la única acción justa posible, pero sí su incompetencia.

Este argumento es, en mi opinión, mucho más eficaz para oponerse a la violencia. Pongamos un ejemplo: la Guerra del Golfo, que el gobierno de los U$A pretendía justa.

1) El fin declarado oficialmente (suprimir a un dictador) era en principio justo (si no fuera por la hipocresía de apoyar al mismo tiempo a otros dictadores); pero el fin real (poder y petróleo) no lo era.
2) Existían muchas maneras alternativas de conseguir ese mismo fin sin invadir el país.
3) Incluso de no haberlas habido, no habría ningún motivo para celebrar la "victoria" o dar mensajes triunfalistas. Todos los que deberían haber sido capaces de buscar otros caminos deberían dimitir inmediatamente por inútiles.

Resumiendo: mi postura ante el tema del post es que acepto la posibilidad de la cruz y la espada, con todas esas consideraciones que he dicho, y en calidad de ser seres humanos imperfectos en un mundo imperfecto (pero maravilloso).

sábado, febrero 11, 2006

Chesterton "la caga" en el momento culminante

Lo siento, amigos, pero no me convenció...

El capítulo en cuestión tenía la siguiente estructura (lo digo de memoria, así que probablemente mezcle cosas de otros capítulos o cambie el orden, pero da igual): en primer lugar, hacía un repaso de sus propias ideas, la concepción del mundo que había ido desarrollando durante su evolución mental, y se daba cuenta de que, sin haber partido previamente de ellas, las enseñanzas del cristianismo en su versión más ortodoxa coincidían casi a la perfección con su propias conclusiones.

Luego pasaba a refutar algunos de los ataques que se hacen contra el cristianismo, diferenciando los errores cometidos por las personas de la auténtica esencia de la doctrina. Sus argumentos eran más o menos debatibles, pero en conjunto interesantes. Y finalmente llegaba a la cuestión clave: tenemos un conjunto de conceptos que me convencen, porque he llegado a ese convencimiento racionalmente. ¿Cómo se pasa de ahí a considerar que la fuente de esos conceptos es una fuente de verdad por sí misma? O sea, no decir "esto que dice el cristianismo, me convence; esto otro, también; etc." sino "el cristianismo me convence; el cristianismo dice la Verdad".

Pues en el caso de Chesterton, la argumentación era algo así como una demostración por inducción: si todas las observaciones coinciden con la teoría, podemos concluir que la teoría es buena. Pero la inducción es un método deductivo débil. Nunca es definitivo, y además basta con un único contraejemplo para desbaratar la deducción. Y el propio Chesterton admite que no todo lo que dice la doctrina le convence, de vez en cuando encuentra un desacuerdo. Y entonces, justo, es cuando da el paso fundamental. En algún momento llega a decir "cuando encuentro algún punto en el que el cristianismo afirma algo contrario a mis creencias, tiendo a pensar que es muy probable que sea yo el equivocado, y que en el futuro acabe dándome cuenta de mi error".

Justo ahí ha dado el salto de la razón a la fe. De pronto, coloca algo (el mensaje revelado) por encima de sus propias conclusiones razonadas. ¿Y cómo justifica tal salto?

Él intenta explicarlo razonadamente también. Esta vez apela, sin embargo, a otos recursos, más bien emocionales. Y no es capaz de explicarlo con detalle. La cuestión es que de todo el conjunto, las creencias, las refutaciones, las dudas... extrae una conclusión general, una sensación de "verdad". Pero no se puede explicar ni demostrar, es algo superior a la suma de las partes. Es decir, es una emoción. Una de esas percepciones que se procesan con el lado derecho del cerebro, o con el cerebro primordial, esas cosas que están descubriendo ahora los neurobiólogos.

Y como tal, es una sensación no transmitible. Él lo siente así, no cabe duda. Pero eso no me sirve a mí de nada. Yo, o lo siento también o no lo siento. Si no, no me lo puede explicar ni convencer. Lo que puede hacer es explicarme un montón de argumentos y posturas, y decirme que provienen del cristianismo. Y yo podré estar de acuerdo con todas y cada una. Y pensar que hay mucha sabiduría en ellas, o incluso ser convencido por algunas. Y aún así, seguir pensando que la revelación cristiana no tiene por qué ser una fuente de verdad. Es decir, que su mensaje sea verdadero por el hecho de ser suyo, no por el mensaje en sí.

Esa es, pues, mi postura respecto de la Fe cristiana (y también de otras confesiones que estoy conociendo últimamente). Encuentro muchas joyas de sabiduría en su interior, aunque a veces hay que escarbar algunas montañas de basura hasta llegar a ellas; también encuentro otras debatibles, discutibles o dudosas, que me animan a seguir pensando y debatiendo. Y en ningún caso he encontrado esa sensación global, esa impresión de verdad absoluta que se entiende por Fe, en ninguno de los sisemas establecidos, ni cristiano ni otro.

¿Significa eso que no tengo fe? ¿Que creo que se puede vivir sin fe?

Pues tampoco lo tengo tan claro.

En el fondo todos tenemos una fuente última, una justificación de donde extraemos la verdad, pues si no, llegamos al relativismo insoportable. Yo sí tengo fe, en realidad, y hablaré de ella cuando pueda. La diferencia es que no es una Fe absoluta, creo que puede evolucionar si yo evoluciono. Y no es fe en un sistema previo, estructurado y con sus jerarquías y doctrinas, sino algo que voy construyendo yo mismo según voy aprendiendo.

De hecho estoy en contra de los sistemas estructurados de creencias. Y esa es mi objeción fundamental al cristianismo, por encima de cualquier otra que pueda tener. Creo que lo que necesita la religión es la destrucción de las iglesias. Liberar a las personas de estructuras que quizá hayan funcionado durante siglos, pero en la actualidad es época de cambios. Creo que estamos en un momento de encontrar cosas nuevas, de dar un salto adelante de consciencia.

Vamos, que estoy por la Heterodoxia total.

viernes, febrero 03, 2006

Chesterton también hizo un viaje

Vamos pues con otro trocito de la historia. Este texto y alguno más los tenía ya en la cabeza desde hace tiempo, me faltaba ponerlos por escrito. Cuando los termine, ya empezaré a improvisar...

Uno de los puntos de inflexión en la trayectoria de la que hablaba el otro día fue cuando el ínclito Eleder me prestó ese libro que también mencioné en mi anterior texto: "Ortodoxia" de Chesterton. Era la primera vez que leía a este autor, y en seguida me gustó su estilo, apasionado y diría que hasta corrosivo, o al menos incisivo. Lo leí pronto, prestando atención a sus interesantes argumentos. Aunque no todos me convencían, encontré algunos brillantes.

Pero lo más interesante era el propio tema del libro. Está planteado como una especie de biografía intelectual, en la que el autor va haciendo un repaso por sus propias creencias, con la advertencia previa de que en su caso, esa serie de creencias le condujo a una revelación sorprendente: ¡todo ese conjunto coincide con el mensaje del cristianismo! Y más aún: ¡el cristianismo es una fuente de Verdad!

Cerca del final del libro hay un capítulo donde cuenta cómo tuvo lugar esa "iluminación". Algo fascinante para mí: un tipo inteligente, que no seguía ninguna doctrina concreta sino sólo sus propias conclusiones; casi un escéptico podría decirse, al estilo de los de la SAPC, en su época. Y de pronto va y se convierte en creyente, no engañado por algún embaucador, ni por inercia familiar, sino convencido por sus propias deducciones razonadas.

Confieso que, aunque seguí atentamente la descripción de sus pensamientos y argumentos, estaba impaciente por llegar a ese capítulo. Tenía la impresión de que al leerlo podría al fin responder a las dudas que mencionaba al final de mi texto anterior. Y diré que algo de miedo tenía también, al fin y al cabo había un buen lote de prejuicios anti cristianos en mi cabeza, y más de una y más de dos asociaciones oscuras, siniestras incluso. ¿Me convertiría yo también, pues? ¿Sería capaz de unir razón y fe, como aparentemente consiguió Chesterton?

Así que decidí dejar a un lado las dudas y atacar el capítulo. Dejar también los prejuicios. No quiero fiarme de ninguna autoridad previa, ni de un lado ni de otro. quiero ser yo quien extraiga mis propias conclusiones. Y lo leí.

¿Qué pasó entonces?

Voy a ser malo y cortar aquí. Por un lado, así me hago un poco el interesante y me creo que soy cachondo y todo, juajua. Por otro, ya está bien, es la 1 de la madrugada y mañana me levanto temprano, no sé qué hago aquí escribiendo... Pero esto se lo debía a Eleder desde entonces, y ya iba siendo hora de cumplir. Por tanto, cuando me conste que lo habéis leído (sobre todo él), pongo el final del cuento.

viernes, enero 27, 2006

Cristianismo, ese viaje

Para empezar a calentar esto, me gustaría hacer una especie de presentación personal. No contar mi vida, ya dije que este blog no es para eso; más bien una especie de biografía intelectual. Un recorrido por la evolución de mi pensamiento, para que se me pueda ubicar mejor. Un ejercicio similar (salvando todas las distancias salvables) al que hizo Chesterton en "Ortodoxia", para responder a quienes le decían "sí, usted se dedica a criticar las opiniones y posturas de otros, pero ¿cuál es su propia opinión? ¿en qué cree usted?".

No conozco ninguna etiqueta predefinida que se pueda aplicar con rigor a lo que considero que soy en este momento, así que tendré que explicarlo con detalle.

Empezaré por el principio. De pequeño, como la mayoría de mis similares, yo era católico "de monjitas". Iba a misa, hacía mis catequesis, hice la primera comunión bastante convencido. Recuerdo haberme sentido incluso sorprendido y escandalizado cuando las monjas del pueblo me decían que había quienes hacían la comunión y luego, al poco tiempo, dejaban de ir a misa y practicar aquello que para mí era tan evidente, a mi manera infantil.

Sin embargo, como también la mayoría de mis compañeros, en seguida acabé haciendo yo eso mismo. Sin plantearmelo mucho, dejé de interesarme por las cosas religiosas, empecé a ir a misa porque había que ir, pero pasando bastante del tema, ya sabéis. Al mismo tiempo continué mi evolución en un ambiente fuertemente tecno-científico y racional. Estudié para técnico informático, mis padres tenían miles de libros, me volví fan de Carl Sagan, Asimov, Clarke, ciencia-ficción, biografías de científicos, libros de cohetes, el Cosmos...

También fui descubriendo en algún momento dado el "lado oscuro" de la religión. Su aspecto de poder, su corrupción, el fanatismo; me encontré con Niezsche, la muerte de Dios, el "mata kuras", "la única iglesia que ilumina es la ke arde", esas cosas. También las absorbí.

Y no hace demasiado tiempo conocí el "escepticismo organizado". No soy socio, pero leo a menudo los documentos de la SAPC, la página de Randi, Sin Dioses, y otros sitios. En lo fundamental estoy de acuerdo con este tipo de posturas. Podría quedarme ahí, como hacen muchas personas, y sin embargo no lo hago...

Continué leyendo más, por pura curiosidad o llevado por las circunstancias. Algo de filosofía, religión, también psicología y otras ramas humanísticas; incluso creencias de distintos tipos, magia, astrología, canalizaciones y todas esas cosas "new age" que tanto critican los escépticos. No "creo" en ellas, pero mi postura nunca es conformista; por mucho que lo nieguen y lo llamen bobadas, si tanta gente sigue estando a favor de esas cosas, quiero descubrir por mí mismo qué hay ahí.

Al adentrarme en ese confuso mundo, vi enseguida muchas cosas rápidamente descartables; sin embargo, no todo es así, hay algo que me sigue manteniendo al acecho. En general, me quedo con una duda intrigante. ¿Tiene límites la razón? ¿Hay algo más allá? Parece que finalmente es así, la razón y la lógica no pueden abarcar toda la realidad. Esto ha sido demostrado mediante la propia razón y la lógica, que se lo digan a Gödel... Pero ¿hay alguna forma de superar eso?

Muchísimas personas defienden que la "magia" funciona. El Tarot y los horóscopos adivinan cosas; la homeopatía y la brujería curan. Los escépticos demuestran cómo lo hacen, hablan del efecto placebo y de los factores psicosomáticos. Por otro lado, los creyentes abrazan su fe por más que los ateos demuestran contundentemente lo absurdo de tal postura. Yo mismo experimento cosas que se salen del ámbito del pensamiento científico clásico, incluso del no tan clásico... (ya iré contando).

Entonces, ¿qué pasa? ¿Se puede reducir todo a bobería y credulidad? ¿Ignorancia y falta de inteligencia? ¿Los escépticos profesionales tienen todas las respuestas que se pueden tener?

También tengo unas cuantas objeciones a estas personas. No entraré todavía en ellas, pero cederé la palabra al añorado Carl Sagan. Por ahí van algunos tiros que desarrollaré un día de estos:
Se puede coger un hábito de pensamiento en el que te diviertes burlándote de toda la gente que no ve las cosas tan bien como tú. Esto es un peligro social potencial, presente en una organización como el CSICOP. Tenemos que protegernos cuidadosamente de esto.
[...]
Si sólo eres escéptico, entonces no te llegan nuevas ideas. Nunca aprendes nada nuevo. Te conviertes en un viejo cascarrabias convencido de que la estupidez gobierna el mundo. (Existen, por supuesto, muchos datos que te apoyan.) Pero de vez en cuando, quizá uno entre cien casos, una nueva idea resulta estar en lo cierto, ser válida y maravillosa. Si tienes demasiado arraigado el hábito de ser escéptico en todo, vas a pasarla por alto o tomarla a mal, y en ningún caso estarás en la vía del entendimiento y del progreso.
Y en esto que conozco a unas cuantas personas muy interesantes. Me hago amigo, comparto inquietudes y experiencias, y un día voy y me entero de que algunos son cristianos, y no sólo eso: lo defienden. Esto sí que es nuevo: ¡cristianos inteligentes! Gente que no se limita a repetir los rituales como borregos, sino que los hacen suyos incluso tras haber pasado por otras cosas; que se cuestionan y reflexionan, y aún así siguen convencidos.

Me pasan libros, tenemos debates (aún no los suficientes), y de pronto no está nada tan claro. ¿Volveré al principio? ¿Me convertiré ahora en creyente? ¿Estaré tonto?

Permanezcan atentos a sus pantallas y no se me desmanden todavía. Lo de arriba es un resumen efectista, un montón de preguntas que habrá que ir desvelando; algunas respuestas ya me han venido, irán cayendo aquí y probablemente abriendo la puerta a nuevas preguntas; otras las podremos enfrentar quizá entre varios, cada uno desde su lugar. Estoy seguro de que este juego me va a hacer crecer. ¿Quién se arrima?

domingo, enero 22, 2006

Hola

Bueno, aquí estoy por fin.

Un nuevo blog ve la luz del día. Uno más en la blogosfera, aunque es importante al menos para mí, más que nada porque es el mío... ¿Y para los demás? Ya se irá viendo.

¿Quién soy yo? Por ahora no voy a dar muchos detalles. Llevo bastante tiempo pululando por ahí, desde antes incluso de que existiera Internet. Tengo unas cuantas identidades, pero no quiero hablar de ellas aquí. Baste decir que soy Andrés 2.0; un ser renacido, que de alguna manera empieza a existir en este momento por el poder generativo de estas palabras. Los que me conocen supongo que se imaginarán por qué lo del 2.0. Si no, quien tenga curiosidad que pregunte.

¿Y de qué va este blog? Bien, eso es algo que se irá desarrollando también, aunque algunas cosas sí puedo decir. En primer lugar, no hablaré aquí de mi vida cotidiana; para eso buscaré otros espacios. Hablaré de muchas de las cosas que bullen por mi cabeza... soy lector desde hace muchos años, llevo tiempo interesado en el género del ensayo y en la política, y desde hace poco en la filosofía y la espiritualidad (dicho esto de forma muy genérica) aunque no me considero ningún tipo de erudito. Más bien soy un hombre curioso, alguien con ganas de entender algo mejor este complejo y fascinante mundo en que vivimos, y que después de tanto tiempo de darle a la batidora que llevo sobre los hombros, tiene ganas de exponer ante el público algunos partos mentales que han ido brotando de ahí. Espero que, si son de interés para alguien, sirvan para generar debates con otros blogeros y enriquecernos mutuamente. Y si no, pues nada, la salida está a un click de distancia, y al menos me habrá valido para desahogarme un poco...

El diseño visual es mío, es muy sencillo porque quiero que el aspecto sea ligero y claro como la luz del día, la misma que quiero llevar a los temas presentados. Imagino que lo iré puliendo poco a poco, pero sin añadirle mucho más. Si a alguien no se le ve bien en su pantalla, que me de un toque.

Hay un aviso importante, eso sí. TENGO MUY POCO TIEMPO para dedicar a esto. Este proyecto ha sido retrasado múltiples veces hasta que encontrara la ocasión de dedicarle la atención que se merece. Esta ocasión no ha llegado, pero debido principalmente a la insistencia de cierto silvano que hay por ahí (y también a que el bullicio de ideas dentro de mi cráneo parece ya una olla a presión), me he decidido a arrancar. No garantizo, pues, ninguna frecuencia de publicación, ni tampoco garantizo que vaya a contestar todos los comentarios en un tiempo razonable (o que vaya a contestarlos en absoluto). De hecho, me he planteado si admitir comentarios o no, pero bueno, probaremos a ver qué tal, si me agobio mucho quizá los quite, aunque espero que no. Los temas que pienso abarcar aquí son complejos, y no creo que la zona de comentarios sea un buen lugar para debatir sobre ellos. Si alguien tiene interés en alguno, os invito a que respondáis en vuestros propios blogs y utilicéis el "trackback" o enlaces inversos.

Eso es todo por ahora. Espero que algunas de mis conclusiones resulten, cuando menos, sorprendentes. Gracias por vuestra atención.