viernes, abril 10, 2009

De las punto com a la burbuja inmobiliaria

La burbuja más famosa de los años 90 fue la de las empresas tecnológicas relacionadas con Internet (las famosas punto com), que tuvieron su momento de gloria en el que cualquier compañía nueva cotizaba en bolsa a cientos de veces más que su valor físico, entre la euforia de los inversores.

Claro que en el año 2001 se acabó la risa, pincharon casi todas las empresas que estaban infladas de aquella manera y provocaron una nueva crisis global. Para intentar salir de ella, en el 2003 Alan Greenspan, uno de los grandes Gurús de la Secta Neolib, arrasó los tipos de interés para obligar a todos los ricos a mover su dinero. ¿Y a dónde decidieron ir a especular los capitalistas? A la vivienda.

La economía salió disparada para arriba otra vez. Y los fieles tecnócratas, como el Gran Obispo Ben Bernanke, siguieron con su ceguera fundamentalista creyendo que aquello era debido a una economía sólida como una roca, y no a la especulación volátil.

Hasta que llegó el 2008.

El desarrollo y causas inmediatas del batacazo actual han sido explicados en muchos otros lugares, así que no lo repetiré aquí. Resumiendo, el caso es que billones de dólares invertidos en hipotecas basura (que confiaban en que el precio de las casas subiría indefinidamente) se han volatilizado de la noche a la mañana, era dinero que realmente no existía, era falso, pura fantasía. Y lo peor es que en realidad nadie sabe exactamente quién tenía esos dólares, porque, gracias a la desregulación y la falta absoluta de control, las deudas hipotecarias "subprime" se diluyeron, se dispersaron y mezclaron con otros tipos de deudas deliberadamente (todo el mundo quería deshacerse de ellas), en una red tan espesa y confusa que cuesta mucho seguir el hilo, y muchos en realidad no tienen muchas ganas de seguirlo, por temor a encontrarse con lo que haya al final. Además, por culpa de la globalización, nadie puede escapar, aún los países menos implicados en la burbuja están tan interconectados que el desastre se esparce de unos a otros como piezas de dominó.

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