sábado, marzo 08, 2008

El Reino de Dios

Sé que mi ritmo de publicación es extremadamente lento para un blog, en este mundo de la prisa. Pero me da igual, al fin y al cabo esto sirve para dar salida a mis inquietudes mentales, y me sirve para ello perfectamente a este ritmo. Si además hay alguien que lo lee y le gusta, mejor aún. Pero si no, no estorbo a nadie. Es la magia de internet... :)

Sigamos, pues.

Después de exponer mi teoría sobre la fe, pudiera pensarse que, en resumen, en la batalla entre racionalistas y creyentes, me alineo finalmente con los primeros, puesto que afirmo que la Fe no sirve para buscar la Realidad. Pues no es así exactamente. El que no valga para buscar verdades objetivas y universales no significa que no sirva para nada.

Voy a poner un ejemplo. Voy a hablar de la respuesta que dan varias religiones, tal como yo lo entiendo, a la pregunta de ¿cuál podría ser el mundo ideal? ¿cómo ser mejores personas?

CRISTIANISMO

Los cristianos aspiran a una utopía a la que llaman el "Reino de Dios". ¿En qué consiste?

Se me ocurre definirlo así: una sociedad en la que la gente actuase "bien" por sí misma. No sería necesario acudir al poder, al miedo ni al castigo. Cada persona sentiría el impulso interno de actuar de la forma que mejor aumentara su propia felicidad y la de los demás, empujada por una especie de motor al que llamaríamos Amor.

¿En qué se basan para creer en una maravilla semejante? Si hay leyendo estas líneas algún cristiano practicante y convencido, seguro que nos podría hablar de una experiencia fascinante: el hablar personalmente con Dios.

¿Lo habéis sentido? Estás en cierto momento, orando o meditando. Puede ser en una situación tranquila y feliz, o quizá en medio de una crisis vital en la que uno necesita ayuda o apoyo. Sabes, o quieres saber, que no estás solo o sola, que hay Alguien ahí, mucho mejor que nosotros, que nos escucha y nos quiere. Percibes Su Presencia, a veces casi lo puedes visualizar, como un Jesús con su melena, barba y mirada intensa, o quizá de otra manera diferente. Y de pronto, empiezas a saber. No recuerdas haber usado palabras en tu diálogo interno, ni haber seguido ningún razonamiento de ningún tipo. Sin embargo, ahora conoces respuestas, unas respuestas que sientes como totalmente correctas, que te llenan de paz y que cuando las pones en práctica compruebas que funcionan.

¿Cómo no creer, después de tal experiencia, en la existencia de ese Señor y en su mágica sabiduría? ¿Qué más da que la Física nos diga que no existen energías telepáticas ni seres que se comunican a través del espacio sobrenatural? Tu experiencia es auténtica, y te sirve, y si basas tu vida en seguir estas Palabras, a menudo encuentras soluciones y sientes que eres más feliz, que tu vida está más llena.

¿Cómo no soñar, pues, en lo que pasaría si todo el mundo descubriera esta maravillosa experiencia y la aplicara en su vida? ¿No sería una sociedad mucho mejor? A quien conozca esto, no le puede sorprender el afán cristiano por predicar y difundir el Mensaje.


BUDISMO

Hay un tema en el que coinciden el Budismo, el Hinduismo y el Tantra, que es semejante a lo que acabo de contar, pero basado en una experiencia distinta.

Estoy en meditación profunda, a la que he llegado tras practicar algunos ejercicios que me han enseñado a aquietar la mente, detener el diálogo interno y activar otra forma de consciencia. Soy consciente de que Yo no soy yo. Ese ser con quien me identifico cuando estoy en mi día cotidiano, con sus prisas, sus cansancios, sus ilusiones, sus preocupaciones y quehaceres, no es más que un pálido y triste reflejo de mi auténtico Ser, que participa de la esencia divina. La entidad auténtica que Yo Soy es mucho más sabia que el ego pequeñito y débil que nos atrapa en este mundo. Pero ahora, en mi reposo, soy consciente de mi verdadera naturaleza, y de que formo parte de un Universo maravilloso, y siento amor por todos los seres y todas las cosas, puesto que percibo que todos somos Uno.

Y cuando estoy en este estado, la claridad me inunda y encuentro las respuestas a todas las preguntas. Respuestas que, como he dicho antes, no puedo decir de donde vienen ni trazar su razonamiento, pero que se demuestran como sabias y me ayudan a tener una vida plena y feliz.


TAOISMO

El seguidor del Taoismo cree en un principio fundamental: el principio básico del mundo es el Tao, o Dao. No se puede describir pero se puede sentir. Todo lo que existe está dividido en dos polos, el Ying y el Yang, cuyo contraste permite apreciar la diversidad y da pie a la Vida. Y en el centro está el Tao, el camino recto, el punto perfecto de equilibrio, como una rueda que gira mientras su eje permanece siempre en el mismo sitio, sujetándolo todo.

Cuando el taoista está inquieto o duda, entra en meditación, al igual que el budista. Entonces, es capaz de percibir con claridad el reparto de energías, los flujos de opuestos, el equilibrio entre las potencias Ying y Yang, y el punto en el que ese equilibrio se ha roto. Con lo cual, sabe exactamente la acción que debe tomar para reajustar las fuerzas y volver a la armonía, como un baile en el que todo está en movimiento pero siguiendo unas formas hermosas en las que cada punto tiene un sentido dentro de la globalidad.

De nuevo nos encontramos con poderosas respuestas a nuestras inquietudes vitales, que no parecen provenir de la razón ni de la voluntad del ego limitado, sino de algo mayor, más trascendente y sabio.

¿Qué podemos sacar de estas experiencias, aparentemente muy distintas, pero en el fondo creo que extremadamente similares? Las conclusiones en el próximo post.