lunes, diciembre 24, 2007

Comecocos 3/3b: y concluyendo

(el que entre a este blog por aquí, que vaya dos posts más abajo y empiece a leer por ahí, en orden cronológico, que van tres posts seguidos).

Prosigo.

Las emociones son el producto de unos extraordinarios circuitos cerebrales, que tienen la cualidad de dar respuestas rápidas incluso en ausencia de datos suficientes. Estas respuestas no son cognitivas, sino totalmente prácticas, orientadas a la acción, la supervivencia y la felicidad. La parte emocional del cerebro no necesita analizar con detalle esa forma que se aproxima entre sombras para calcular si es un amigo o un animal salvaje que me quiere comer. Analiza frenéticamente la situación, y en décimas de segundo desencadena un intenso miedo que me hace salir corriendo. Le da igual la especie, tamaño y morfología del atacante, o si tiene lunares rojos en el lomo. Su objetivo es hacerme sobrevivir, y hacerlo rápido.

Durante siglos se pensó que estos circuitos eran caóticos e inexplicables. Pero hoy se sabe perfectamente que siguen unas reglas tan coherentes y organizadas como las de la lógica. Y que funcionan construyendo esquemas basándose en el ensayo y error. Si una respuesta produce un resultado de mayor supervivencia y felicidad, el esquema que la generó queda reforzado, y viceversa. Esto ocurre tanto a nivel de especie (generando instintos) como de una persona (generando los esquemas de la personalidad individual).

Volvamos a la fe. ¿Cuál es mi tesis, pues?

Que la fe, ¡es una emoción!

Una persona vive y va experimentando todas las situaciones vitales.
Su mente va creando teorías y modelos para intentar ir entendiendo lo que le rodea.
Al mismo tiempo, su "corazón" (es decir, todos esos circuitos cerebrales que generan emociones, las cuales se perciben a menudo como sensaciones en el pecho y en las tripas) va procesando esas mismas experiencias, con otros mecanismos.
En un momento dado, una historia determinada produce una sensación muy fuerte, encaja con todos los esquemas previos de esa persona, produce unas ganas tremendas de configurar la propia vida alrededor de esa idea, y genera gran satisfacción cuando se hace así.
Lo que ha ocurrido es que sus circuitos emocionales han procesado esas teorías y esas experiencias usando sus propias reglas de inferencia, que ya digo que son distintas de las de la lógica formal, pero se pueden comprender, y ha generado una conclusión. Que, en el caso de estos circuitos, toma forma de una emoción.

Lo cual me hace llegar a una primera conclusión importante:

- La fe es, en efecto, irracional. Pero ello no significa que sea una locura ni una estupidez. Es un conocimiento tan auténtico como el obtenido a través de la observación y el razonamiento, y tiene un significado y una utilidad muy importantes.

Pero ahora surge otra pregunta: aquello que me dice la fe, ¿es real, pues?

La respuesta a esa pregunta es que la pregunta carece de sentido. Como decía más arriba, las respuestas emocionales no son cognitivas: son prácticas y orientadas a vivir mejor. A la emoción que me hace huir ante una sombra que se acerca por la noche le da igual si de verdad es agresiva o no. Lo importante es que se ha demostrado mediante un proceso de selección natural (o sea, una especie de métododo científico automático), que los individuos que salen corriendo tienden a sobrevivir más que los que se quedan a preguntar (estoy simplificando mucho, claro). Volviendo al caso de la fe, parece claro que las personas que son capaces de crear un modelo sólido de la realidad, incluso sin tener datos suficientes que lo demuestren, tienden a vivir mejor que los que constantemente dudan y no están seguros de nada.

Luego lo importante de una creencia no es si es real, sino si me hace sentirme mejor.

Aquí es pertinente hablar de los libros de Marina que también he comentado alguna vez, "Dictamen sobre Dios" y "Por qué soy cristiano". La argumentación es diferente, pero la conclusión es similar a la que estoy llegando aquí. Que la religión tiene dos vertientes: la gnostica y la ética. Y que la gnóstica, es decir, la de pretender explicar como *son* las cosas (a la que el Cristianismo ha dado y sigue dando probablemente más énfasis), es errónea. El motivo fundamental es que esa "Verdad" que proporciona la fe es necesariamente subjetiva. Lo que puede la fe es producir evidencias profundas a personas individuales, y estas evidencias son difíciles de discutir para el que las siente así. Pero diferentes personas tienen distintos esquemas emocionales (que tienen una parte racial pero otra creada por la experiencia individual), que conducen a una experiencia única para cada uno. Ninguna fe ha podido hasta ahora por sí misma dar una respuesta universal, válida tanto aquí como en la China o en la galaxia de Andrómeda. Para buscar ese tipo de respuestas es necesario acudir a la observación, al diálogo, a mecanismos que reducen el elemento subjetivo, etc. Es decir, a la ciencia.

En cambio, tenemos la vertiente de la ética, que, bien entendida, es el arte de encontrar una sociedad feliz. Y la felicidad es esencialmente subjetiva. Pero se puede, y se debe, encontrar modelos sociales que ayuden a los individuos a buscar y encontrar su felicidad. Y aquí es donde la religión puede aportar mitos, tradiciones, experiencias, rituales y otros muchos elementos que pueden *inspirar* emociones y modos de vida más felices. Y su validez no depende de si lo contado en el mito ocurrió tal cual, sino de si es capaz de inspirar buenos modelos de vida.

Por poner un ejemplo, yo opino que la Iglesia se equivoca si pretende sostener que el mundo fue creado hace 6.547 años, que Moisés bajó del monte con la Ley escrita en una piedra, o que el matrimonio *debe* de ser de tal manera porque lo ha dicho Dios. En cambio, hace bien en proponer un modelo de familia que cuenta con el respaldo de una larga tradición, de incontables experiencias humanas e incluso de "sentido común" (como diría Chesterton). Incluso está bien que opine, si lo cree así, que ese modelo es el que mejor favorece la convivencia y la cría de los hijos. Ahora bien, eso hay que demostrarlo. Si al ponerlo en práctica, se comprueba que produce también infelicidad, habrá que reajustarlo. Y si, por otro lado, se encuentran otros modelos que también producen familias felices, habrá que ampliar las miras, como por ejemplo la propuesta de Osho basada en comunas, en El Libro del Hombre.

A modo de resumen, diré que el clásico enfrentamiento entre ciencia y religión, que lleva ya bullendo desde hace varios siglos, está basado en un error: el de que la religión se mete en un campo de batalla que no le corresponde, el de lo Real, que es mucho mejor abordado por la ciencia. El área en el que la religión encaja como un guante no es otro que el Arte. No un arte puramente estético o de placer. Un Arte práctico, activo, comprometido, creador. Que no se limita a contemplar el mundo y jugar a buscar nuevas interpretaciones, sino que pretende cambiar al mundo, cambiar al Ser Humano. No en vano la Religión ha encontrado siempre en el Arte (el Arte Sacro) su mejor modo de expresión.

Comecocos 3/3a: recapitulando

Decíamos ayer...

Estaba contando una historia: la de la búsqueda del conocimiento humano. O al menos, un pequeño capítulo de esa historia, la "guerra" moderna entre dos bandos, los "creyentes" y los "racionalistas". Guerra que está hoy día en un momento álgido, tras las grandes olas de la Ilustración por un lado y de la Nueva Era por el otro, con bandos que defienden ardientemente sus propios métodos, ambos poderosos y con pretensión de universales, y atacan ferozmente a los del otro lado.

En este artículo quiero hacer un repaso a cómo entiendo yo que funcionan ambas vías, y explicar un descubrimiento que he hecho, o un modelo que propongo sobre la cuestión de la fe. Aunque antes reconozco que hablar de sólo dos bandos es una simplificación. No es lo mismo un racionalista, que un científico, que un escéptico (aunque estas gentes se suelen arrimar a un mismo bando), de igual modo que tampoco son los mismos los religiosos que los espiritualistas, por ejemplo. No quiero entrar en toda la gama, me centraré en dos puntos: el método científico clásico y la búsqueda de conocimiento a través de la fe.

Comencemos por la vía científica. Resumo lo que ya expliqué en el primer artículo. Se basa en tres pilares:
  1. Obtener información mediante los sentidos (amplificados si es posible por aparatos de medida).
  2. Usar la razón para deducir conocimiento nuevo y crear modelos y leyes.
  3. Aplicar el método científico para consolidar el conocimiento, descartar los modelos que no se corresponden con la realidad, y suprimir el factor subjetivo.
Esta vía es tremendamente poderosa. Sin embargo, no está exenta de limitaciones. Básicamente dos:
  • No todo el conocimiento es alcanzable por la lógica (Teorema de Gödel) u observable empíricamente (Principio de Heisenberg).
  • Aunque lo sea, se necesitan dos cosas: datos y tiempo para procesarlos. Y a menudo ocurre que no hay suficiente de alguna de ellas, o de ambas.
Sobre todo esto hay poca discusión. Vamos pues con la fe. Para empezar, diré que no me interesa (en este momento) la gente que cree en algo "porque lo dice" no sé quién, porque le han comido el coco, o porque "aquí siempre se ha creído eso y no tengo tiempo o ganas de pensar". Lo que quiero es observar a las personas razonables, inteligentes, que buscan respuestas, que cuando acuden a la ciencia se encuentran con uno de esos "no sé, me faltan datos", pero que siguen más allá de ahí. Un caso fascinante y arquetípico es el de G.K. Chesterton, según el libro que leí y comenté al principio de este blog.

El proceso que lleva a la fe, cuando no proviene simplemente de un adoctrinamiento desde pequeñito, se podría contar de la siguiente forma:

Uno anda buscando respuestas, y mientras vienen, va creando hipótesis, posibilidades, fantasías... En un momento dado, de repente o poco a poco, una de esas posibilidades parece sorprendentemente distinta, sin que se pueda explicar de forma razonada. Se parece muchísimo a un enamoramiento: yo conozco a muchas mujeres, que me gustan más o menos. Pero un día, sin saber muy bien cómo, una de ellas ya no es una mujer. Es LA mujer. Y no hay argumentos que demuestren por qué ella sí y las otras no. Pero es algo que "sé" con claridad.

Pues lo mismo con las ideas. No puedo explicarlo, pero tengo clarísimo que esa idea es LA correcta y las otras no. ¿Cómo es posible? ¿De dónde sale esa sensación, esa emoción tan potente? Las religiones acuden en este punto a lo llamado "sobrenatural". Es decir, algo que no se puede comprender o explicar. O a ofrecer un mito explicativo, pero un mito que para aceptarlo hace falta, precisamente, fe.

Yo puedo ofrecer otra respuesta.

Hasta ahora he sido bastante objetivo. Pero a partir de aquí a lo mejor empiezan algunos a sentir que les raya mucho lo que cuento, y en cambio a otros les encante...

Voy a resumir ahora lo que conté en la parte 2 de este ensayo sobre las emociones. Todo ello está extraído de "El laberinto sentimental" de Marina, "El viaje a la felicidad" de Punset (los tenéis ahí a la derecha) y otros como "El ordenador emocional" de José Antonio Jáuregui o "La identidad humana" de Edgar Morin. Y recocido después a fuego lento en la cacerola que llevo sobre los hombros...

¿Por qué un blog se queda parado de repente durante más de un año?

Buena pregunta. Y me temo que no la voy a contestar con detalle. Ya dije al principio que aquí no se trataba de contar mi vida personal. Diré sólo, por justificarme un poco, que en determinado momento me vi de pronto metido en muchas más aventuras de las que podía manejar (todas buenas, pero demasiadas a la vez), me dio un yuyu de estrés y decidí cortar por lo sano con muchas de ellas, incluido este blog. Supongo que muchos de vosotros sabéis perfectamente a qué me refiero.

Y luego, bueno, se puede decir que me empezó a apetecer más poner en práctica todos mis aprendizajes en mi propia vida diaria, que seguir teorizando sobre ellos. Hasta hace unas pocas semanas, en que me vino otra vez el ansia de menear la batidora mental. Y me empezó a pesar otra vez aquella tercera parte que tenía pensada pero no escrita...

Puedo decir que durante todo este tiempo he estado macerando esa teoría mía (evidentemente, digo "mía" porque la he asumido como propia, no porque no la haya leído más o menos así creada por otros; aquello que decía Newton de subirse a hombros de gigantes y tal y tal...). Y cada vez me encaja más, y la voy aplicando a más ámbitos de la vida y las ideas.

Quisiera poder expresarla en una forma más concisa, pero es que es algo que no consigo encajar en ningún modelo más o menos conocido, lo que me obliga a argumentar mucho. Así que aquí está, al final me han salido dos posts largos más, espero que no sea demasiado árido de leer (para quien le interese algo este asunto, claro). Allá que van.

Y ¿por qué decide reactivarse justo un día como hoy? Juajuajua, eso sí que no sabría decir por qué.

Un abrazo a todos, y feliz Navidad.